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La fuerza de la sonrisa

Publicado por Dr. Dario Vieira el 9 Febrero 2014 en Actualidad

Queremos sonreír. Esto es así y lo es debido a muchos años de evolución que han hecho que este gesto sea probablemente el más beneficioso tanto para nosotros como para los que nos rodean. Sonreír tiene muchas ventajas. Nos ayuda a conectar con los demás, nos sentimos mejor cuando lo vemos y nos sentimos mejor cuando lo hacemos. A pesar de todo esto, no sonreímos tanto como nos gustaría.

A pesar que es uno de los gestos más instintivos que hacemos (los bebés sonríen, incluso las personas ciegas que nunca han visto una sonrisa también sonríen), es muy difícil forzar una sonrisa. Se nota en las sonrisas fotográficas o en los encuentros en los que tenemos que forzar una excesiva bondad para quedar bien. Y es que inconscientemente todas las personas podemos identificar cuando vemos una sonrisa sincera o una falsa o a medias.

Diferencia entre una sonrisa sincera y una forzada

Cuando sonreímos contraemos el cigomático mayor, el músculo que va desde la esquina de la boca hasta la parte superior de la mandíbula. Sonreír utilizando este músculo es fácil. Es lo que hicimos para la foto de nuestro carné de identidad. Es lo que hace cualquier persona cuando te la presentan. Pero se trata de una sonrisa prefabricada, no es real.

La sonrisa que nos alegra el día, que nos atrae y que nos hace sentir más felices no solo envuelve el músculo cigomático mayor. Cuando sonreímos de verdad también se activan los músculos orbiculares del ojo, aquellos que envuelven nuestros ojos, los de las patas de gallo (para que nos entendamos). Y estos músculos no se pueden contraer conscientemente, solo se activan cuando estamos contentos de verdad. Por eso cuando la sonrisa involucra los músculos orbiculares del ojo se transforma en un gesto poderoso, que nos hace brillar.

Algunos estudios demuestran que el hecho de forzar sonrisas también puede ayudarnos a ser más felices. Porqué la sonrisa y la felicidad son como un pez que se muerde la cola: sonreímos cuando estamos contentos pero también estamos contentos porqué sonreímos. Se trata de una relación bidireccional que tenemos que aprovechar si queremos ser más felices.

Pruébalo y lo verás. Cuando estés deprimido, ponte delante de un espejo y fuerza una sonrisa durante un rato e intenta pensar en alguna cosa positiva. Evidentemente no se van a solucionar todos tus problemas de golpe, pero quizá los afrontarás de un modo más optimista y, porque no decirlo, de una forma más bonita: con una sonrisa en los labios.

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