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Caries de hoyos, fosas, surcos y fisuras

Publicado por Dr. Dario Vieira el 27 julio 2015 en Blog

Debido al desarrollo embriológico, los dientes presentan una anatomía oclusal abigarrada y variable, lo que condiciona unas características morfológicas peculiares, en la superficie oclusal y en las libres, que son las responsables de unos accidentes o defectos estructurales favorecedores de la caries. Pero es en la superficie oclusal de los dientes del sector posterior donde esta susceptibilidad es mayor. Además, durante el desarrollo embriológico del esmalte se produce también ora serie de defectos estructurales a nivel de las superficies libres, que deben ser considerados en todo estudio de la patología dentaria.

Amelogénesis

para que podamos comprender la morfología de la superficie oclusal con los hoyos, fosas, surcos y fisuras, será necesario que hagamos un breve recuerdo del desarrollo embriológico del esmalte responsable de su formación.

En los dientes del sector posterior, la amelogénesis comienza después del inicio de la dentinogénesis en las áreas de los futuros vértices cuspídeos. Una vez que se forma la primera capa de dentina, se produce una diferenciación de os preameloblastos en ameoblastos, formándose a continuación la primera capa de esmalte. La diferenciación de los ameloblastos, no se produce al mismo tiempo en toda la capa del epitelio interio/preameloblastos, sino que sucede de forma progresiva, comenzando en las áreas de los vértices cuspídeos y continuando hacia la región cervical, lo que condiciona que el espesor del esmalte sea diferente a nivel oclusal y cervical, siendo mayor a nivel oclusal y tercion medio de la corona, y menor a nivel cervical.

La producción contínua de capas de esmalte en cada área cuspídea, hace que se produzcan zonas de confluencia, originándose de esta manera una degeneración y/o muerte de la capa de preameloblastos/ameoblastos, que queda comprimida entre las dos cúspides proliferantes, condicioando una zona de no producción de esmalte. Estas zonas corresponden a los hoyos, fosas, surcos y fisuras con una morfología que depende del diente, de la localización, del estadío de la amelogénesis en que se produce y del grado de desarrollo de las cúspides.

Características morfológicas

De forma frecuente los hoyos, las fosas, los surcos y las fisuras son denominadas de forma indistinta, cuando esto es erróneo, ya que cada uno tiene unas características anatómicas diferenciadas.

Los hoyos, también conocidos como “pits”, son pequeñas depresiones puntiformes y redondeadas, condicionadas por defectos locales del esmalte. Las fosas son áreas de confluencia de los surcos y fisuras que se observan en las superficies de premolares y molares, si bien también se pueden localizar en las superficies palatinas de los dientes del sector antero-superior.

Los surcos se corresponden a la zona de confluencia de los lóbulos de desarrollo y se observan como una depresión en la base de dos cúspides. Pero en ocasiones, en el fondo de estos surcos se observa una invaginación, grieta o hendidura profunda, constituyendo las denominadas fisuras. Estas fisuras no tienen que comprender la totalidad de la longitud del surco.

Son estos accidentes anatómicos y fundamentalmente las fisuras, los elementos estructurales que favorecen la aparición de caries. Su forma, tamaño y amplitud son variables, e inclusive su extensión, y es que en algunos casos llegan a alcanzar el límite amelo-dentinario.

Para hacer una descripción detallada de los surcos y fisuras, deberemos seguir la clasificación de Nagano que hemos modificado:

  • Tipo abierto: cuando el ángulo que formas las dos vertientes cuspídeas internas es muy amplio.
  • Tipo en V: Cuando el diámetro de la entrada es mayor que en las zonas profundas. Pueden ser abiertas o cerradas, dependiendo del ángulo que formen las vertientes cuspídeas internas.
  • Tipo en U: Cuando el diámetro de la entrada de la fisura es igual en las zonas más profundas.
  • Tipo en I: Constituye una grieta o hendidura más o menos recta, y muy profunda.
  • Tipo en IK: Estas se caracterizan por corresponder a unas hendiduras muy estrechas, que finalizan en profundidad en forma de ampolla.
  • Tipo en Y invertida: Cuando existe una bifurcación en el fondo de la fisura.
  • Tipo en reloj de arena: Cuando existe una combinación de tipo en V en superficie y tipo en V invertida p con forma de ampolla en el fondo de la fisura.
  • Tipo en embudo: Cuando existe una combinación de tipo en V en superficie y tipo en U en el fondo de la fisura.
  • Otros tipos: En ocasiones se observan algunos surcos y fisuras con morfologías abigarradas y muy variables.

Las formas más frecuentes son en V, con un 34% de incidencia, seguidas de las de tipo en IK, con un 26%, I con un 19%, y U, con un 14%. El diámetro de las fisuras suele ser de 0’1mm, inferior al diámetro de las cerdas de los cepillos de dientes que son superiores a 0’2mm, por lo que resulta imposible la remoción de las bacterias, así como de los restos de alimentos y nutrientes de su interior.

Independientemente de las características morfológicas de los surcos y fisuras, se han de tener otras consideraciones en cuenta, como puede ser el espesor de esmalte que hay desde el fondo de la fisura hasta el límite amelo-dentinario, que puede tener un grosor de 0’2 mm o menor, y la existencia de “cracks” en esta zona.

Caries de hoyos, fosas, surcos y fisuras

Las localizaciones en las superficies oclusales fue descrita por Miller en el año 1880, y se suelen observar de forma más temprana que las ubicadas en las superficies proximales.

La incidencia de caries en las superficies libres del diente es pequeña cuando esta es comparada con la de hoyos, fosas, surcos y fisuras, llegando en ocasiones a alcanzar el 50% de todas las localizaciones, y siendo esa localización más frecuente entre niños y adolescentes.

Esta alta frecuencia de caries en estas zonas ya fue establecida de forma previa al inicio de nuestro siglo, en un trabajo que fuera realizado por Hyatt, en el año 1923, que estudió más de 2500 fisuras de dientes del sector posterior, encontrando tan sólo una única fisura libre de caries. En un trabajo posterior de Bodecker, en 1929, también pudo constatar esta alta incidencia, ya que en el 90% de las fisuras de su estudio mostraban caries, estando afectados el 98% de las fisuras de los primeros molares.

La caries es una enfermedad presente en todos los países, que afecta a toda la población. Por suerte, y gracias al avance de la medicina y de la odontología, podemos decir que a día de hoy, esta patología no es más que un trámite, en ocasiones doloroso, que sabemos que es fácilmente curable si se diagnostica con rapidez. Como siempre, y en especial en enfermedades como son las que tienen etiología cariosa, debemos remarcar y hacer especial hincapié en que una buena preventiva es nuestra mejor arma para frenar la aparición de la caries.

Una visita periódica cada tres meses en nuestro dentista para que nos controle nuestra salud bucodental debería ser suficiente para que nuestro paso por la clínica dental sea un mero paseo y así nos evitemos males mucho mayores, que podrían desencadenar en pérdida de estructura dental, periodontitis o cualquier otra enfermedad que es realmente mucho más grave. De esta forma y con la prevención, podremos ahorrarnos mucho dinero y de paso evitar sufrir el calvario del terrible dolor de muelas.

Comentarios

Un comentario para "Caries de hoyos, fosas, surcos y fisuras"

  • El 14.08.2017 , anton samplonius ha comentado:

    Excelente aclaración. Gracias.

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