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Orígenes del blanqueamiento dental

Publicado por Dr. Dario Vieira el 13 octubre 2014 en Estetica dental

En el año 1884 se propuso la utilización de peróxido de hidrógeno altamente concentrado como blanqueador. Para mejorar el método, era necesario reducir las elevadas concentraciones tóxicas aplicadas inicialmente, lo que llevó a diferentes ensayos, como el método en el que se administraba una corriente eléctrica con una mezcla de agua oxigenada y éter.

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Esta solución podía penetrar fácilmente en el tejido dental duro y presentaba una baja tensión superficial, pero también era fácilmente inflamable y desprendía un olor muy desagradable.

Hacia el año 1985 se descubrió que muchos dentistas ya aplicaban el agua oxigenada mezclada con éter para blanquear los dientes, mientras que para la eliminación de manchas más fuertes utilizaban una técnica de micro abrasión con ácido clorhídrico.

A principios del siguiente siglo se publicó un trabajo en que se describía cómo se pueden eliminar las manchas de flúor con peróxido de hidrógeno al 30%.

En el año 1942, se volvió a utilizar una técnica ya descrita anteriormente que consistía en una combinación de ácido clorhídrico y agua oxigenada para eliminar las manchas de flúor. Tras aplicar la solución durante 15 a 30 minutos, se limpiaba con agua y se neutralizaba con una pasta a base de bicarbonato de sodio. A continuación se pulía y se fluorizaba toda la superficie dental con discos abrasivos y polvo de piedra pómez.

En 1961 se empezó a utilizar el perborato de sodio para el blanqueamiento de dientes no vitales. Este producto mezclado con agua se dejaba durante unos días en la cavidad pulpar y se repetía el proceso 4 o 5 veces hasta obtener el resultado deseado.

Posteriormente, se publicaron los primeros estudios sobre la seguridad del blanqueamiento, en los que se planteó su posible efecto nocivo en la pulpa de los dientes vitales. Esto no era por casualidad, ya que, en aquella época, los clínicos utilizaban soluciones atemperadas que provocaban un aumento de la temperatura pulpar que, en caso de ser excesivo, podía dar lugar a una necrosis de la pulpa.

A principios de los años 70 en Estados Unidos, algunos ortodontistas trataban la gingivitis con productos que contenían carbamidas. Estos dentistas se dieron cuenta que además de mejorar la situación periodontal, también aclaraban considerablemente los dientes. Con el tiempo, estos productos se dejaron de usar para tratar la gingivitis, sino para blanquear los dientes.

Los productos utilizados actualmente se basan en peróxido de hidrógeno y en peróxido de carbamida en diferentes concentraciones. Según el fabricante, además del blanqueador, se añaden productos de desensibilización, como el nitrato de potasio o los fluoruros.

Blanqueamiento en épocas antiguas

Desde siempre, las diferentes culturas que se han ido sucediendo a lo largo de los siglos han dado gran importancia a la sonrisa y, sobretodo, a los propios dientes. La sonrisa sana y blanca era índice de salud, carisma e influencia en otras personas.

Es obvio que el blanqueamiento no es un método reciente, ya que los egipcios y los fenicios ya conocían métodos de blanqueamiento dental, en los que aplicaban carbonato de sodio y la luz solar para reforzar el efecto.

En varias imágenes de objetos aztecas también destacan sobremanera los dientes blancos. Siempre, en las diferentes culturas, se ha dado importancia a una sonrisa blanca y brillante, es por esto que a día de hoy se sigue con la tradición ya que unos dientes blancos llaman la atención de cualquiera. En la época de los romanos se utilizaban productos naturales a base de cera y de ácido úrico para blanquear los dientes.

En la Edad Media, los barberos realizaban intervenciones dentales, que no sólo se limitaban a la extracción dental, sino que también tenían como objetivo mejorar la estética de la sonrisa de sus pacientes.

El método era invasivo pero eficaz. Con limas de hierro limaban la superficie vestibular de los dientes para eliminar la capa de esmalte más externa, más fuertemente pigmentada. Cuando el resultado no era satisfactorio, utilizaba una mezcla de ácido nítrico o ácido láctico con carbonato de sodio, que disolvía el esmalte superficial.

También estaban aquellos como los campesinos que se frotaban los dientes con salvia, limón o bicarbonato de sodio. La salvia es una planta medicinal que se convirtió en un auténtico remedio casero para conseguir dientes blancos frotando sus hojas. Lamentablemente el efecto era poco duradero.

A finales del siglo XVIII, se empezó a emplear el ácido hipocloroso que tuvo mucho éxito como blanqueador en su forma de sal de potasio, sodio y calcio. A principios del siglo XIX, las sustancias más aplicadas eran el cloruro de calcio, el ácido oxálico y el cloro.

Posteriormente, también se usó el hipocloruro de sodio y el perborato de sodio, ya sea de forma individual o de forma combinada. Algunos terapeutas incrementaban el efecto de estos compuestos calentándolos durante su aplicación.

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