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Actuaciones clínicas frente al dolor oncológico

Publicado por Dr. Dario Vieira el 13 Enero 2016 en Odontologia

En relación al punto de vista estrictamente terapéutico, podemos situar sobre el causante del dolor que es el tumor mismo. El tratamiento etiológico, si es efectivo, se seguirá de la mejoría del dolor y de todos los otros síntomas relacionados con el tumor. Muchos de los enfermos con cáncer son potencialmente curables, y la mayoría de los restantes son susceptibles a tratamientos paliativos etiológicos a lo largo de su proceso, llegándose a obtener como en cantidad de vida. Además de dirigirnos hacia las causas, podemos tratar el dolor como un síntoma, mientras recibe el tratamiento etiológico o después por la ineficacia en el tratamiento antitumoral específico.

Actuación clínica frente al dolor oncológico

En el cuidado del paciente oncológico desempeñan un papel importante todo el equipo que se ocupe de la salud del enfermo, así como asistentes sociales y religiosos, psicólogos y psiquiatras, y la familia del enfermo. Es necesario que el propio enfermo se sienta informado e involucrado en su enfermedad y su tratamiento; todas las personas y mucho más los enfermos oncológicos con dolor, tienen el derecho a vivir con la máxima dignidad. Todas las personas asocian el diagnóstico del cáncer con dolor, sufrimiento y muerte. Hay algunos casos, no lo es siempre, y hay muchos enfermos que se curan, otros muchos que no lo hacen pero tienen una calidad de vida adecuada durante mucho tiempo y que, sobre todo, los que muere lo hacen casi siempre con la dignidad necesaria.

La primera acción debe ser una correcta actitud clínica ante el paciente con dolor, que incluye creer en la sinceridad del enfermo con su dolor; el dolor es un síntoma y no un diagnóstico, y la percepción del mismo es muy variable de unas personas a otras. De la importancia de delimitar los síndromes dolorosos específicos se deriva el que la actuación terapéutica puede ser específica para alguno de ellos. Por ejemplo, en la afectación ósea tumoral parece estar implicado el metabolismo prostaglandínico, de lo que se sigue el posible efecto beneficioso de fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE)., inhibidores de las prostaglandinas. Deberemos realizar una historia clínica adecuada, valorar la situación del paciente, solicitar las exploraciones complementarias que sean necesarias para llegar a un diagnóstico concreto, considerar las alternativas terapéuticas y revalorar la situación del dolor después de instaurar el tratamiento.

Los neurotransmisores, como la dopamina, la serotonina y los opiáceos endógenos tienen un gran protagonismo en la transmisión y la modulación del dolor. El intento de modular el papel de los mismo ha llevado al uso de fármacos como la amitriptilina y la imipramina, que han probado tener efectos analgésicos independientes de su más conocida acción, la antidepresiva, quizás por la modificación de neurotransmisores centrales. Los antidepresivos de han mostrado eficaces en el tratamiento del dolor crónico en pacientes que no presentaba síntomas depresivos.

Los enfermos oncológicos, tanto con dolor como sin él, padecen un importante componente de ansiedad, por su enfermedad, por el dolor o por el miedo al mismo, y por la posibilidad de una muerte cercana. La ansiedad a la larga generará depresión. Tanto la ansiedad como la depresión producen insomnio, que contribuye al deterioro y aumento del dolor. Es necesario conseguir que el paciente descanse y duerma por la noche, y tenga energías durante el día. Siempre frente a estas situaciones se aumenta la sensación de soledad individual y el temor a la muerte, el temor de no contar con suficientes medios materiales para hacer frente a las necesidades personales y familiares, y se replantea la escala de valores, haciendo una introspección de la propia vida.

Una situación límite indeseada es la de dolor total, donde se llega por vías etiológicas distintas a las puramente orgánicas, como las causas sociales, administrativas, económicas y morales. De este modo, podemos llegar a entender que personas que definen su vida como dolorosa.

Sugerencias terapéuticas

La elección del tratamiento tendrá que individualizarse para cada paciente, considerando en primer lugar la posibilidad de actuar sobre la enfermedad tumoral causante del dolor. En segundo lugar, para elevar el umbral doloroso plantearemos un tratamiento farmacológico con la utilización de analgésicos narcóticos y no narcóticos, junto a fármacos coanalgésicos como los antidepresivos tricíclicos, y la administración de sustancias que minimicen los efectos secundarios, como antiácidos, laxantes y antieméticos. Los analgésicos se usan como en otro tipo de dolor, con la diferencia de que la administración de narcóticos no es un problema importante en el caso de que el pronóstico sea grave.

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