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Acudir al dentista de urgencia

Publicado por Dr. Dario Vieira el 25 Febrero 2016 en Odontologia

De buen seguro gran parte de las personas que nos estén leyendo habrán sufrido en alguna ocasión esa sensación de dolor que no cesa, que se encarga de recordarnos que un problema dental que hemos dejado durante demasiado tiempo se ha complicado y agravado hasta el punto de obligarnos a acudir al dentista de urgencia. Si alguna vez lo habéis pasado, seguro que ya os imaginaréis que no sois los únicos: de hecho, esta es una de las consultas que se dan con una mayor frecuencia en el dentista, y suelen tener que ver con una sensación acentuada de dolor dental. Notar fuertes síntomas dolorosos es lo que obliga al paciente a encontrar una rápida solución a este problema, ya que la sensación acuciante de dolor en la boca llega al punto de ser sofocante e insoportable.

El dentista de urgencia

En otros momentos, pese a que la proporción es menor, podemos encontrar a un paciente que se encuentra en estado de alarma ya que se encuentra frente a un proceso grave de inflamación en la cavidad oral, lo que le causa una grave preocupación debido a la tumefacción que éste experimenta. En cualquier caso, es muy probable que en la mayor parte de los casos ambos síntomas se encuentren a la vez, por lo que la preocupación del paciente en ese momento es total, siendo entonces imperiosa su necesidad de encontrar una terapéutica que elimine tanto el dolor que le atenaza como el problema que está causando tan molesto síntoma.

Por otro lado, durante el resto de situaciones que podemos encontrar en la clínica (hemorragias, traumatismos, celulitis…) también podemos encontrar algunos casos que incluyen dolor, inflamación o incluso ambos síntomas a la vez, por lo que deberemos estar preparados para resolver este tipo de situaciones. Además de esto, también tendremos que conocer cuál es el modo correcto de tratar la problemática, y encontrar cuáles son los motivos que están originando el problema. Lo más imperante es tratar el síntoma (en este caso, la inflamación y el dolor) que es lo que en ese momento inquieta al paciente, lo que hace que se encuentre en un estado alterado tanto psicológico como físico. Para ello, deberemos saber cuáles son los fármacos que tenemos que administrarle para que note mejoría en su dolor, así como para bajar el hinchazón. También deberemos prescribirle analgésicos y antiinflamatorios que si bien se cuentan como apartados farmacológicos diferenciados, algo más adelante demostraremos que ciertos de estos medicamentos son incluidos en los dos apartados, debido a que éstos cuentan con acciones farmacológicas de los dos grupos.

Desde otro punto de vista, además de corroborar la necesidad de que sepamos los pormenores de este tipo de fármacos, también debemos pensar en los preparados que se prescriben por medio de las recetas que son dispensadas en las consultas privadas.

Si le echamos un vistazo a esto, seguro que nos encontraremos rápidamente con que la mayoría responde a tres tipos de grupos muy definidos y totalmente diferenciados: para comenzar, las sustancias que son usadas con mayor número de veces son los antibióticos: independientemente sean estos usados de forma preventiva o como parte de un tratamiento según el cuadro que el paciente esté presentando. Siempre hay que tener en cuenta que la enfermedad que se da con un mayor índice de frecuencia en la cavidad oral es la caries, y ésta no deja de ser un proceso infeccioso, por lo que es lógicos que los fármacos que entran en este grupo sean los que se usan con una mayor frecuencia.

En segundo lugar, nos encontramos con el grupo de antiinflamatorios. Estas sustancias tienen una amplia prescripción en la clínica dental. Resulta lógico, ya que la extensión de cualquier proceso o traumatismo que se de sobre los tejidos blandos periorales y faciales terminan pro conducirnos fácilmente a unas grandes inflamaciones.

En tercer lugar encontraremos a los analgésicos. Sabemos que la cavidad oral se encuentra altamente inervada, por lo que será muy simple que cualquier zona noxa pueda despertar sensación de dolor.

Todo esto quiere decir que la receta que encontramos más frecuentemente dispensada en la consulta, por regla general, será sencilla, ya que se compondrá de un antibióticos, un analgésico y un antiinflamatorio.

Los datos que exponemos aquí coinciden, en mayor o menor medida, con los que se obtuvieron en un estudio; en estos se revisaron los fármacos que 12 odontólogos de un Área Sanitaria del Insalud prescribieron durante un periodo de tres meses. Los antibióticos se prescribieron en un 67,67% de los casos, seguidos de los antiinflamatorios, con un 13,15%. En último lugar quedaron los analgésicos, que se prescribieron con un 7,28%, mientras que fármacos de otro tipo se llevaron un conjunto total de un 11,90%. ¿Qué sacamos en claro de esto? Los antibióticos siguen a día de hoy imperando como los medicamentos que más se recetan, seguidos de lejos de los antiinflamatorios, siendo mucho más bajo el porcentaje de los analgésicos, seguramente porque los que acuden a la consulta del ambulatorio ya han pasado por una consulta privada o en Urgencias, por lo que ya se han deshecho de la sensación dolorosa y sólo acuden al ambulatorio para que se realice la exodoncia, pese a que también podría deberse al hecho de que determinados antiinflamatorios también cuentan con una acción muy potente de carácter analgésico. Como vemos, hemos podido comprobar cuales son las necesidades farmacológicas de los pacientes y cómo es la frecuencia de uso; ahora pasaremos a ver cómo se pueden tratar los síntomas de inflamación y dolor.

Urgencia: tratamiento del dolor

Este síntoma debe tratarse, pese a que la prioridad siempre debe ser llegar al origen del mismo, ya sea debido a una caries, una pericoronaritis, una necrosis pulpar o un proceso infeccioso. Hasta que este momento llegue tenemos que atajar el dolor mediante el uso de analgésicos. Estas son unas sustancias que generalmente sólo tienen efecto sobre el dolor y no el problema, por lo que únicamente será un alivio sintomático, cuya finalidad pasará por controlar el componente álgido de la enfermedad que tiene el paciente. En el momento en el que el cuadro doloroso sea acompañado por un cuadro de inflamación deberemos también prescribir un antiinflamatorio.

Todo el mundo sabe que cada paciente tiene un umbral de dolor distinto, por lo que para que éste se manifieste, el estímulo deberá rebasar este límite. El dolor consta de dos componentes diferenciados: el primero, perceptivo – sensorial, que se pone de manifiesto por los receptores del dolor que se encargan de transmitir la sensación dolorosa a los centros superiores y el segundo, cuyo carácter es psicógeno – efectivo, capaz de modificar más o menos la sensación álgida. Es por este motivo que la actuación de los analgésicos se realiza en tres niveles diferenciados:

  • Aumento del umbral de dolor
  • Modificación de la tonalidad emocional
  • Modificación de la percepción dolorosa

Modificando la percepción dolorosa: diversos fármacos tienen la capacidad de alterar el tipo de sensación que percibe el paciente frente a los estímulos dolorosos, por lo que el receptor de dolor, cuando es estimulado, transmite la información, pero ésta no está integrada como nociceptiva.

Aumento del umbral de dolor: Bajo el efecto de determinadas sustancias, se necesita una mayor cantidad de estímulo para así ser percibido como dolor por parte del paciente.

Modificación de la tonalidad emocional: ciertos analgésicos consiguen enmascarar la percepción del dolor, consiguiendo de esta forma una sensación de bienestar falsa. Esto consigue evitar la sensación de ansiedad que se desata cuando encontramos un estímulo doloroso.

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