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Cámara pulpar: Las diferentes zonas de apertura

Publicado por Dr. Dario Vieira el 12 enero 2016 en Odontologia

Ejecutar una correcta apertura de la cámara pulpar es fundamental. Este es el primer paso operatorio, y de su buena realización dependerá el resultado final del tratamiento. 

Tipos de zona de apertura de cámara pulpar

Comenzaremos hablando de las aperturas realizadas en los dientes anteriores maxilares. Comenzaremos la preparación en la zona ligeramente coronal al cíngulo, mediante una fresa redonda de tugsteno montada en turbina.

El grosor de la fresa que se emplee dependerá del tamaño del diente. El ángulo inicial de entrada debe ser perpendicular a la cara palatina, hasta que se penetre en la cámara. Entonces, deberá cambiarse la dirección y seguir la del eje longitudinal del diente, con lo que eliminaremos los restos remanentes pulpares vestibulares con esa misma fresa, animada haciendo movimientos de tracción, y los restos pulpares palatinos con una fresa troncocónica que será también montada en turbina, o redonda de acero de tallo largo, montada en micromotor.

En sentido mesiodistal, se deberá extender la preparación hasta que se eliminen los cuernos pulpares, o en sentido bucolingual deberemos ampliarla hasta que los instrumentos de conductos tengan acceso directo al tercio apical. En los incisivos laterales, tendremos que considerar la curvatura apical hacia distal, y por esto compensaremos extendiendo la preparación de acceso en el sentido contrario, es decir, hacia mesial. En los caninos se sigue una pauta muy similar para apertura, sobre todo si además tenemos en cuenta su ancho en el sentido bucolingual.

Aperturas en dientes anteriores mandibulares

Esta técnica no difiere gran cosa de la de los supervisores. De todos modos, deberemos tener en cuenta que existe un elevado porcentaje de este tipo de diente (aproximadamente entre un 20 y un 30%) que presentan dos conductos que se unen en el tercio apical, y en ciertas ocasiones, entre un 5 y un 15%, terminan en dos forámenes apicales.

Debemos pensar en esta situación no sólo cuando esto se evidencie de forma clara en las radiografías de diagnóstico, sino que también deberemos tenerla en cuenta en aquellos casos en los que se vea radiográficamente que los dientes vecinos tienen esta anatomía, inclusive cuando no se vea de forma evidente en el diente que tengamos que tratar. En el momento que esto ocurra, deberá ampliarse la apertura hacia lingual, ya que será ahí donde se encuentre el segundo conducto.

En la apertura de los caninos mandibulares tenemos que tener en cuenta que en ciertas ocasiones (aproximadamente un 2%) llegan a presentarse dos raíces: Una vestibular y otra lingual. Esta última, a veces, de una escasa longitud.

Apertura en premolares superiores

Deberemos comenzar la preparación con fresa redonda de número 4 o 5, empleándola sobre el centro de la cara oclusal y siguiendo la dirección del eje mayor del diente, hasta que entremos en la cámara pulpar. Posteriormente, mediante el uso de una fresa troncocónica de punta inactiva, daremos forma a la apertura, extendiéndola en sentido bucolingual en mayor o menor medida, según la presencia de uno o más conductos, y en este último caso, deberemos considerar también la convergencia o paralelismo de los conductos citados.

Algunos de los premolares superiores merecen una consideración especial, sobre todo los primeros premolares, que presentan tres conductos. Deberemos sospechar acerca de su existencia en el momento en el que veamos en la radiografía de diagnóstico una falta de definición radicular. Entonces, deberemos variar la proyección del haz de rayos hasta que la anatomía real quede suficientemente establecida.

Estos casos presentan una raíz palatina y dos raíces vestiulares, que se distribuyen en el suelo de la cámara de un modo parecido al de un molar, sólo que con un tamaño reducido.

Aperturas en premolares mandibulares

La corona de este tipo de dientes no sigue el eje radicular, sino que forma un cierto ángulo con él. La preparación se tiene que empezar en el centro de la superficie oclusal y con dirección perpendicular a ella, hasta que este entre en la cámara pulpar. Después de esto, con fresa troncocónica, tendráque extender la preparación en sentido bucolingual, inclusive hasta la punta de la cúspide vestibular, para así poder acceder de modo directo al tercio apical. La mayoría de los premolares mandibulares (entre un 75 y un 85%) cuentan con una sola raíz y un solo conducto, pero no resulta inusual (entre un 15 y un 25%) que encontremos dos conductos en una sola raíz, e incluso dos conductos en otras tantas raíces.

En la radiografía de diagnóstico, deberemos valorar esta posibilidad anatómica, y bien la veremos de forma tangible o la sospecharemos en el caso de que observemos un conducto ancho, que desaparece de forma abrupta en el tercio medio o apical. La dificultad para realizar el tratamiento dependerá de la profundidad a la que se produzca la división en los dos conductos o raíces.

Aperturas en molares superiores

Clásicamente, el primer molar maxilar siempre era considerado como un diente con tres raíces y tres conductos, pero existe un número sustancial de casos en los que podemos encontrar un cuarto conducto situado en mesial, inclusive en una segunda raíz mesial.

El acceso comenzará en la cara oclusal con fresa de turbina de tungsteno redonda (número 6), y una vez que se elimine el techo cameral perfilaremos la preparación con fresa troncocónica de punta inactiva, dándole una forma rectangular con los ángulos redondeados, y en la que el lado más corto será uno de los dos conductos mesiales.

El segundo molar maxilar suele poseer unas características morfológicas similares al primero, pero resulta probable (10%) que únicamente presente dos conductos: Uno vestibular y otro palatino, donde inclusive en ocasiones parece que busque parecerse a un premolar, pese a que, de forma esporádica, sólo tiene un conducto.

Aperturas en molares mandibulares

Los primeros molares mandibulares por norma general presentan dos raíces: Una mesial con dos conductos y otra distal con uno, pero resulta altamente frecuente que encontremos dos conductos en la raíz distal, y en ocasiones podemos encontrar inclusive dos raíces independientes.

Es debido a esto que la apertura, que clásicamente se realizaba con forma triangular se ha terminando modificando a favor de la forma trapezoidal, con los ángulos redondeados, para de este modo lograr acceder a los dos posibles conductos distales.

Los segundos molares son parecidos a los primeros, pero en ocasiones sólo encontraremos en ellos dos conductos:Uno distal y otro mesial, e inclusive (pero en muy contadas ocasiones) nos encontraremos con algún segundo molar que únicamente cuente con una sóla raíz y un conducto, que si ocurre será usualmente muy ancho, tanto en el sentido bucolingual como en el mesiodistal.

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