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Cuando el dolor se hace una urgencia

Publicado por Dr. Dario Vieira el 15 octubre 2015 en Odontologia

De buen seguro a la gran mayoría de lectores no les extrañará si les decimos que una de las consultas más frecuentes en el dentista en urgencias tienen que ver con el dolor. Este síntoma es lo que conduce al paciente a buscar de forma rápida e imperiosa a encontrar una solución con la que atajar un malestar que en ocasiones es agobiante, sofocante y en ocasiones se tilda inclusive de insoportable.

Existen otras ocasiones, aunque quizás en una menor proporción, donde el paciente se ve alarmado por encontrarse una inflamación en el terreno bucofacial, causando al paciente una preocupación pro culpa de la gran tumefacción.

De todas formas, probablemente en una gran multitud de ocasiones se presentan ambos síntomas a la vez, siendo por ello todavía mayor la preocupación del paciente, y siendo así más acuciante todavía la demanda de un tratamiento urgente que solvente su problemática.

Por otro lado, en el resto de situaciones de urgencia que pueden presentarse en clínica (hemorragias, traumatismos, celulitis, etcétera) también nos encontraremos que en algunos casos cursan con dolor, inflamación o los dos síntomas a la vez.

Es por lo tanto por lo que debemos estar preparados para resolver estas situaciones, donde, además de tratar de forma correcta cuál es la causa que produce el problema, deberemos también tratar el síntoma (dolor e inflamación), que es lo que está inquietando al paciente y por ende alterándole de forma física y psicológica. Para ello, resulta preciso conocer cuáles son los fármacos necesarios para tratar su dolor, su inflamación, los analgésicos y los antiinflamatorios que, aunque se clasifican como apartados farmacológicos distintos, más adelante mostraremos que algunos de estos medicamentos se incluyen en los dos, y es que tienen acciones farmacológicas de ambos grupos.

Desde otro punto de vista y corroborando la necesidad de conocer estos fármacos, pensemos en los preparados que se prescriben por medio de las recetas en las consultas privadas.

Si comenzamos a pensar en ello, nos daremos cuenta de que la gran mayoría corresponden a tres grupos distintos, muy definidos. En primer lugar, las sustancias más empleadas con diferencia son los antibióticos, bien sea de forma preventiva, o tratamiento según el cuadro que presente, aunque si partimos del hecho de que la patología que se da con una mayor frecuencia en la cavidad oral es la caries y ésta es un proceso infeccioso, es lógico que estos fármacos sean los que más se emplean. En segundo lugar, se encuentran los antiinflamatorios, con sustancias de amplia prescripción en clínica, siendo lógico por el hecho de que la extensión de cualquier proceso o traumatismo sobre los tejidos blandos periorales i faciales, conducen fácilmente a grandes inflamaciones. En tercer lugar, nos encontramos con los analgésicos, ya que por la gran inervación de nuestro territorio es comprensible que cualquier noxa pueda despertar dolor. Así pues, la receta más frecuente en una consulta, por lo general, es simple, y se compone de u antibiótico, más un antiinflamatorio, más un analgésico.

Estos datos coinciden en mayor o menor medida con los que obtuvimos de una revisión de los fármacos prescritos por 12 odontólogos de un Area Sanitaria del Insalud durante un trimestre. Los antibióticos obtuvieron un 67,67%, los antiinflamatorios un 13,15%, los analgésicos un 7,28%, otros fármacos 11,90%. Los antibióticos siguen siendo los más recetados, seguidos de los antiinflamatorios, siendo mucho menor el porcentaje de analgésicos, probablemente porque el paciente que va a la consulta de su ambulatorio ya ha buscado solución a la urgencia dolorosa en el médico de cabecera, en el servicio de urgencias o de forma privada, asistiendo únicamente para la extracción a su ambulatorio, aunque también podría deberse al hecho de que algunos antiinflamatorios ejercen además una potente acción analgésica.

Vistas las necesidades farmacológicas y su frecuencia de uso, vamos a ver cómo se pueden tratar los síntomas de dolor e inflamación.

Dolor:

Comenzaremos por el síntoma dolor, diciendo que, aunque lo fundamental es tratar la causa del mismo, ya sea una caries, una necrosis pulpar, una periconaritis, o un proceso infeccioso) hasta que el tratamiento surta efecto y se elimine la causa, necesitaremos tratarlo por medio de los analgésicos. Estas sustancias por lo general actúan únicamente sobre el dolor, siendo por lo tanto un tratamiento puramente sintomático cuya finalidad es controlar el componente álgido de la patología que presenta el paciente. Cuando el cuadro doloroso también se acompaña de inflamación, deberemos también añadir un antiinflamatorio.

Tratamiento del dolor

Es sabido que cada paciente tiene un umbral de dolor distinto, por lo que es necesario que este se rebase para que se manifieste un estímulo como dolrooso. Además, el dolor tienen dos compoenntes: Uno perceptivo – sensorial que se pone de manifiesto por los receptores del dolor que transmiten la sensacióna centros superiores, y otro componente psicógeno – afectivo capaz de modificar más o menos la sensación álgida.Es por esto que la actuación de los analgésicos se realiza en tres niveles diferenciados:

  • Modificación de la percepción dolorosa
  • Modificación de la tonalidad emocional
  • Aumento del umbral del dolor.

1.- Modificando la percepción de la sensación dolorosa: Determinados fármacos son capaces de alterar el tipo de sensación percibida por el paciente ante un estímulo doloroso, de tal forma que el receptor del dolor, al ser estimulado transmite la información pero no es integrada como noiceptiva.
2.- Aumentando el umbral del dolor: Bajo el efecto de determinadas sustancias, es necesaria una mayor cantidad de estímulo para ser percibido como dolor por el paciente.
3.- Modificando la tonalidad emocional: Con algunos analgésicos la sensación de bienestar enmascara la percepción del dolor, y es por esto por lo que se consigue evitar la sensación de ansiedad desatada por un estímulo doloroso.

De este modo, el analgésico perfecto que todos desearíamos prescribir a nuestros pacientes sería aquel que presentara una acción rápida, disponible para todas las edades, con actuación en todos los niveles álgidos así como en cualquier localización, que no crease dependencia ni tolerancia, por vía oral y que además no dejara efectos secundarios. La mayoría de autores, en los estudios de intensidad del dolor, suelen utilizar una escala verbal, donde esta intensidad se agrupa en diversos estadios: Leve, moderada e intensa. El analgésico perfecto, sería capaz de actuar en todos ellos.

Por supuesto, también sería importante que la vía de administración de este hipotético fármaco fuera indiferente, pudiéndose prescribir por cualquiera de ellas con igual eficacia.

Tampoco deberían plantearse problemas con la edad del paciente, y es que determinados fármacos no pueden administrarse en niños, otros en menores de 14- 16 años y con determinados analgésicos deberemos tener cuidado con los pacientes que tengan una edad más avanzada.

Tampoco debería ser inconveniente la localización del dolor, puesto que existen analgésicos que actúan en dolores superficiales, pero no son eficaces en dolor visceral o profundo.

Los efectos secundarios son también a tener en cuenta, y por tanto lo ideal es que no los presentasen.

Por último, es de considerar la posibilidad de producir dependencia o tolerancia, y por tanto, tampoco debería presentarlo el hipotético fármaco perfecto.

Es evidente que a día de hoy un fármaco como el que aquí estamos describiendo no existe, aunque no obstante, gracias a los avances que nos brinda el paso del tiempo disponemos de una batería farmacológica con la que en mayor o menor medida, podemos llegar a controlar el dolor que se presenta por norma general en nuestra práctica habitual.

Los analgésicos de los que a día de hoy disponemos se agrupan en dos apartados diferenciados:

A) Analgésicos mayores (también denominados opiáceos o narcóticos)
B) Analgésicos menores (no narcóticos o antitérmicos – analgésicos)

Ambos grupos se diferencian tanto en el mecanismo de acción como en su acción farmacológica, de tal modo que los analgésicos mayores actúan a nivel del sistema nervioso central, con las características de que a mayor dosis producen una acción más potente, teniendo otras acciones a considerar a la hora de administrarlos, como son su acción antitusígena a nivel del centro cerebral de la tos, su acción de relajación de la fibra lisa intestinal con la peculiaridad de producir espasmos de los esfínteres, cualidad utilizada como antidiarreico. Por otro lado, producen un aumento de la presión intercraneal y de la presión arterial, con aumento del consumo de oxígeno a nivel de la fibra cardíaca, desencadenando también guen taquicardia (cuidado en pacientes con patología cardíaca o hipertensos).

Hasta aquí hemos conocido cuáles son los analgésicos que se emplean en urgencias en la clínica dental, para así frenar la sintomatología que se presente, ya sea de carácter doloroso o inflamatorio, y cuáles son los pasos que se siguen para conseguir que la urgencia se pueda tratar y llevar a buen puerto. También hemos visto cómo debería ser el analgésico perfecto, cuál debería ser su espectro de actuación y cuales serían sus indicaciones.

Cabe destacar que en las Clínicas Propdental nuestros expertos sabrán reconducir sea cual sea su problema y llevarlo a buen puerto, para así minimizar su sintomatología y que la patología desaparezca cuanto antes. Ante cualquier tipo de alarma, ya sea en forma de dolor, inflamación o erupción lo mejor es que acuda cuanto antes al dentista, y es que la prevención es nuestro mayor aliado contra las enfermedades bucodentales.

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