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Diagnóstico radiológico de las enfermedades dentarias

Publicado por Dr. Dario Vieira el 22 noviembre 2015 en Odontologia

En este artículo trataremos los medios diagnósticos radiológicos de la patología dentaria que se da con una mayor frecuencia: la caries. También revisaremos, aunque sucintamente, otros procesos patológicos dentarios menos frecuentes, como las anomalías dentaras, susceptibles de diagnóstico radiológico. Otro gran grupo de alteraciones dentarias, el de las displasias, es subsidiario casi exclusivamente del diagnóstico clínico, ya que afecta a partes de los dientes de fácil acceso a la inspección directa.

A día de hoy la radiología es, seguramente, el medio diagnóstico auxiliar que se usa más en la clínica odontológica. En la introducción de un artículo como este, de intrpretación radiográfica de la patología dentaria, no está de más que recordemos que la radiografía es un medio auxiliar, bien que de rutina e importante, que complementa los medios no instrumentales fundamentales: Interrogatorio, inspección y palpación, sea manual o instrumental. El diagnóstico de la caries dental resulta muy relevante, especialmente si se tiene en cuenta que las lesiones de caries pueden detenerse, enlentecerse o, en los estadíos iniciales, recuoerarse. Pero para que el tratamiento preventivo resulte eficaz, el diagnóstico tiene que realizarse lo antes posible (antes de la cavitación) y ser eficaz y accesible.

Resulta razonable pensar que, para realizar una interpretación radiográfica correcta, se tendrá que tener un conocimiento completo de la forma, radiolucidez y posición consideradas normales de las estructuras dentarias, para así poder detectar si han dejado de serlo. Además, las técnicas de exposición, revelado e interpretación deberán llevarse a cabo de tal manera que aseguren un tratamiento correcto y uniforme del paciente y la película. Por no ser éste un tratado de la materia, referimos al lector a alguno de ellos.

Pero los anteriores no son los únicos mandatos: Debe tenerse en cuenta que las imágenes radiográficas presentan la información en un solo plano, toda a la vez. La dificultad de interpretar una sola imagen tridimensional por emdio de su expresión bidimensional es parecida (pero no exactamente igual) a la que tendría un juez de una competición atlética a la hora de decidir quien ha ganado una carrera de 100 metros lisos, situándose de frente a los corredores y mirando con un solo ojo: perdería las referencias laterales y el sentido de la profundidad

Tenemos que repasar por lo tanto las estructuras anatómicas dentarias normales y su presentación radiológica. Lo primero que se ve al mirar una imagen, sea o no radiográfica, sea tridimensional o plana, son los contornos. En los dientes normales no se ven contornos abruptos, ni bruscamente interrumpidos. Las transiciones siempre son siaves, y las formas generalmente redondeadas, pese a que existen algunas excepciones, de las que hablaremos más adelante. Una interrupción del contorno normal es casi siempre traducción de una pérdida de substancia dentaria, sea del tipo que sea.

Lo segundo que se aprecia en las imágenes radiográficas son las densidades radiológicas relativas. Gracias a ellas, podemos apreciar en las imágenes la situación relativa de cada tejido. Las imágenes radiográficas se generan por atrapamiento; cuanto más radiación se atrape por el diente, menos llegará (e impresionará) a la película, y menos negro se verá al revelarla. En general, cuanto mayor sea el grado de calcificación o la cantidad de tejido, mayor será la cantidad radiológica.

En los dientes el tejido más calcificado -el esmalte- se ve como una banda clara que rodea la corona dentaria. No debe olvidarse que el esmalte recubre, en condiciones normales toda la corona anatómica, de forma que en las imágenes radiográficas, de superposición, el esmalte lingual y el vestibular también se aprecian, aunque mucho menos contrastado que el esmalte que forma las caras proximales. En esas caras se distingue, en ocasiones, una línea cervical que marca el límite del esmalte, y que recorre de mesial a distal el diente en cuestión. En las zonas en las que haya plegamientos o en las que, por la disposición espacial, el grosor relativo linguo – vestibular de esmalte esté aumentado, se apreciará una zona más radiopaca, que aparecerá por tanto más blanquecina.

La dentina tiene una densidad radiológica similar a la del hueso, pero se diferencia de él por la ausencia de trabeculación. Las únicas zonas radiolúcidas normales de la dentina son la cavidad pulpar y los conductos radiculares. El resto debe aparecer uniformemente denso.

Las técnicas radiológicas más útiles para el diagnóstico rutinario de la caries o las anomalías dentarias son la radiografía de aleta de mordida y la radiografía periapical.

Diagnóstico radiológico de la caries dental

La caries dental, por su propia naturaleza, produce una disminución de densidad radiológica en los tejidos dentarios. Esta disminución de la densidad se debe, en sus primeras fases, a una desmineralización sin pérdida macroscópica de substancia. En las últimas, a la pérdida de substancia por cavitación. Veamos, con las distintas técnicas radiográficas, la forma de identificar la patología cariosa y las características de la imagen radiológica de la caries, dependiendo de su localización y estadio.

Radiografías de aleta mordida

En el método “princeps” para el diagnóstico de las caries de superficies interproximales, debido a su accesibilidad y relación coste – eficacia. En una radiografía de este tipo en la que se incluya, por lo menos, dos molares y dos premolares superiores e inferiores, se puede controlar el estado de cómo mínimo 16 superficies interproximales con una sola exposición radiográfica. Para aquilatar mejor su valor, debe recordarse que, si la exploración intraoral es cuidadosa (secando los dientes, con sondas adecuadas e iluminación correcta), la radiografía de aleta es capaz de diagnosticar un 5% más de caries interproximales, mientras que añade un 30% de diagnósticos si la exploración oral no es tan cuidadosa.

Com el objetivo de extraer de la radiografía la mayor cantidad posible de datos, ésta debe evitar las superposiciones entre las caras adyacentes de los dientes, lo que se consigue dirigiendo el haz central del rayo hacia la zona de contacto oclusal de abas arcadas, con una inclinación en el plano sagital de entre 5 y 10 grados hacia abajo. Puede ser que en una sola placa no puedan evitarse dichas superposiciones, dada la distancia antero – posterior entre la cara distal del canino y la mesial de los segundos molares.

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