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El dolor orofacial en los niños (II)

Publicado por Dr. Dario Vieira el 10 enero 2016 en Odontologia

El dolor orofacial en los niños suele frustrar tanto al médico, como al odontólogo, al niño y a su familia. Se ha investigado poco sobre el dolor en la infancia; en la mayoría de casos se diseñan estudios de dolor en los adultos y los resultados se aplican en la población infantil. Sigamos con la continuación del artículo anterior.

Dolor dental en niños:

La caries es sin duda el trastorno que con una mayor frecuencia origina el dolor dental en los niños. La elevada incidencia de aparición de caries proximales en la dentición temporal facilita la aparición del llamado “Síndrome del Septo”. Se trata de niños con caries proximales francas, que experimentan dolor al comer por empaquetamiento de alimentos en el espacio interproximal y que se calma al retirar los restos de comida. Por norma general, las madres refieren no haber tenido que recurrir a la administración de analgésicos, y el problema se solventa con la restauración de los dientes y el restablecimiento de los puntos de contacto.

Cuando las caries se dejan evolucionar, pueden conducir a la aparición de un dolor de origen pulpar. En un primer estadio, aparece dolor brusco durante las comidas, con los cambios de temperatura o incluso por el roce con el cepillo, que desaparece cuando se elimina la causa. En un estadio posterior, aparece el dolor espontáneo, persistente, nocturno, que requiere por lo general analgésicos y de muy variada duración entre los diferentes niños. En algunas ocasiones, los padres refieren que los episodios de dolor duran varios días, y en otras muchas existe el antecedente de algún episodio de dolor que ya ha remitido..

Esta gran variabilidad respecto al dolor dental causado por la caries deriva, sin duda, no sólo de las características propias del niño, en cuanto a su umbral de reacción del dolor, sino también de los distintos patrones de evolución y avance de la lesión en los dientes temporales. A menudo, el progreso de la caries es rápido y conduce prontamente a la necrosis pulpar. Suele asociarse a una gran destrucción dental, sin apenas antecedentes dolorosos. En otras ocasiones, la caries progresa y la afectación pulpar da origen a la aparición de una periostitis sin vía de drenaje, lo que causa un dolor localizado, persistentes, que en muchos casos no remite hasta que el diente es tratado.

En cambio, en la dentición permanente, la caries provoca en un principio molestias referidas a los cambios de presión o temperatura. Pero si se deja evolucionar, conducirá a la aparición de un dolor agudo derivado de la inflamación pulpar, que evita que el proceso pase desapercibido y que suele requerir la administración de analgésicos.

Las facturas dentales también son una posible causa de dolor en los niños, bien pro la exposición dentinaria que condice a la aparición de molestias con los cambios de temperatura, y que se resuelven con la protección de la zona expuesta, o por la lesión de los tejidos de sostén, para lo que se debe acometerse el tratamiento específico.

Dolor masticatorio

El Síndrome doloroso por disfunción miofacial ha sido poco estudiado en niños, quizás porque el origen primario del problema suele pasar desapercibido o se confunde, por los padres, con otalgias o cefaleas que se dan con una frecuencia relativa en la infancia. Por otro lado, no resulta infrecuente detectar chasquidos de apertura en pacientes infantiles que no producen sintomatología, ya que junto a los factores dentales, se ha atribuido a los factores psicológicos un papel importante en el origen y mantenimiento de este síndrome.

En el año 1989 se celebró una Conferencia Internacional sobre Disfunción Temporomandibular Pediátrica, en la que se concluyó que los principales problemas implícitos en el enunciado de las características de la disfunción temporomandibular en la niñez son aún la falta de una definición del término y la carencia de criterios histológicos y clínicos significativos en los estudios sobre esta enfermedad. Peres a los inconvenientes de estos estudios, existen datos orientativos sobre la prevalencia de la enfermedad.

Vanderas realizó un estudio epidemiológico transversal para determinar la prevalencia de disfunción craneomandibular en niños de raza blanca de entre 6 y 10 años de edad. En aquellos niños, calificados por sus padres como “tranquilos”, encontró como signos de más definitorios una alta prevalencia de sensibilidad a la palpación de los músculos de la masticación (46,8%) y de la articulación temporomandibular (ATM) (7,2%), aunque la severidad de estos síntomas fue leve. En los niños calificados por sus padres como “nerviosos, tensos” se pudo hallar una mayor prevalencia de estos síntomas, sensibilidad muscular (67,6%) y de la ATM (19,1%), pese a que su severidad fue ligera. Estos resultados revelan que los niños emocionalmente ansiosos presentan un mayor riesgo de desarrollar signos de disfunción craneomandibular.

Kaban estudió a un grupo de 400 pacientes con Síndrome Doloroso de Disfunción Miofascual durante un periodo de 6 años. El 10% de estos pacientes tenía menos de 16 años al comienzo de los síntomas. El dato más importante fue la fuerte relación entre la edad del paciente y la presencia de la enferemdad psiquátrica primaria: El 35% de los pacientes pediátricos presentaba síntomas de desorden temporomandibular como primera manifestación de psicopatología primaria, en comparación con el 6,25% de los adultos. El diagnóstico pediátrico más común fue el de depresión reactiva aguda.

Se ha sugerido que el Síndrome doloroso por disfunción miofacial en los niños debe ser tratado mediante terapias conservadoras y reversibles, entre las que se incluyen: Reeducación funcional, tratamiento farmacológico y férulas oclusales. Por el momento, no existen datos suficientes que apoyen el empleo de terapias irreversibles, como es el ajuste oclusal, el reposicionamiento mandibular y el tratamiento ortodóntico.

Se discute la influencia del tratamiento ortodóntico en la función del aparato estomagnático. Egerman y colabordores examinaron a un grupo de niños y adolescentes, valorando los síntomas y signos de los desórdenes craneomandibulare sy evaluaron si existía alguna diferencia entre las personas que recibían tratamietno ortodóntico temprano y las que no; quienes habían recibido tratamiento ortodóntico presentaban un índice de disfunción clínica menor que los otros. Dibbets y van der Weele realizaron un estudio en niños para investigar el efecto del tratamiento ortodóntico sobre la ATM, concluyendo que los síntomas de disfunción registrados durante el tratamiento ortodóntico quizás deberían ser atribuidos a los cambios por la edad, más que al tratamiento.

Hekinheimo y colaboradores realizaron un estudio longitudinal en niños, para investigar la importancia de los síntomas de disfunción cranemomandibular y la necesidad de tratamiento ortodóntico y encontraron que los síntomas de disfunción eran bastante comunes en adolescentes (64 al 67%), aunque la mayoría de ellos experimentaron los síntomas de forma ocasional. De este estudio se concluyó que la aparición de estos síntomas no es relevante para la necesidad del tratamiento ortodóntico, sin embargo, su aparición es importante para el diagnóstico y el pan de tratamiento individual.

La causa de la disfunción craneomandibular, tanto en niños como adultos, es multifactorial. De algunos estudios diseñados para evaluar la relación entre tratamiento ortodóntico y disfunción, se puede concluir que el tratamiento ortodóntico ni aumenta ni disminuye el riesgo de desarrollar una disfunción. De igual manera, las alteraciones funcionales de la ATM no suelen ocasionar dolor en el niño.

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