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Enfermedades: Las enfermedades endocrinas

Publicado por Dr. Dario Vieira el 17 Marzo 2016 en Odontologia

Las enfermedades endocrinas tienen ciertas características que hacen que el paciente que las padece sea especial. En este artículo buscamos el repasar las diferentes enfermedades, así como las complicaciones que pueden terminar por derivar. Si quieres conocerlas, sigue leyendo

Los pacientes con enfermedades endocrinas

Aquellos pacientes que sufren de diabetes, padecen una alteración en el metabolismo de los hidratos de carbono y los lípidos, que puede verse agravada por la realización de una intervención quirúrgica.
La diabetes es una enfermedad que se produce por un defecto en la producción o la secreción de insulina, lo que hace que se complique el que se mantenga una glucemia normal. La diabetes puede tener una gravedad muy variada, y va desde la forma de adulto que se controla mediante una dieta adecuada, hasta su forma más severa juvenil, donde el tratamiento de dicha patología requerirá una inyección de insulina.

Entre los pacientes diabéticos, encontramos que el desequilibrio metabólico les induce unas graves complicaciones: Retinopatía, neuropatía, nefropatía o arteriopatía oclusiva acelerada.

El paciente con diabetes requerirá de un adecuado control metabólico que, en el adulto o en el que está bien compensado mediante tratamiento farmacológico (insulina o hipoglucemiantes orales) no requerirá más medidas que mantener durante el periodo de cirugía su régimen y la dosificación habitual de los fármacos mencionados.

Los pacientes que están mal controlados o que presentan cuadros graves deberán ser rápidamente hospitalizados, siendo tributarios de la modificación de su pauta habitual (normalmente ésta suele ser la insulina). Este tipo de cambios deberá prescribirlos el endocrinólogo, quien se encargará de controlar estrechamente al paciente, sobre todo si la intervención a realizar se debe practicar haciendo uso de la anestesia general. En este caso, el periodo de ayuno necesario añade todavía una dificultad mayor en el control del paciente diabético insulinodependiente.

Desde nuestro punto de vista, los pacientes que se suelen presentar con normalidad pueden ser debidos a un retraso en la cicatrización, a una susceptibilidad mayor a las infecciones o a las alteraciones que la diabetes causa en otros órganos o sistemas (lesiones cardíacas, nefropatías, neuropatías, etc).

El paciente diabético también puede presentar diferentes alteraciones de la cicatrización, que son motivadas por una mala perfusión de los tejidos, ya que la microcirculación de éstos se ve afectada por la presencia de vasculitis y ateroesclerosis. De igual forma, la cavidad oral cuenta con una vascularización muy extensa, por lo que rara vez terminan por surgir este tipo de complicaciones.

En cuanto al riesgo de infección, podemos afirmar que el paciente diabético que mantiene un control correcto no tendrá más complicaciones de este tipo que cualquier otro individuo que deba realizar la misma técnica operatoria. Por el contrario, en el caso de que el paciente diabético se encuentre mal controlado sí que tendrá un mayor riesgo de infección que un individuo sano, y por los efectos nocivos de esta, hay algunos autores que recomiendan que se instituya una cobertura antibiótica preoperatoria.

Ciertamente, sí que podemos encontrar un importante efecto sobre el grado de compensación de una diabetes en el caso de que se presente una infección. Esto puede llegar a traducirse en un aumento de la glucemia, y por un incremento de importancia en la exigencias de insulina.

Si tenemos que referirnos a la presencia de vasoconstrictor en la solución anestésica, Pérusee afirma que si tenemos presente que la epinefrina cuenta con una acción verticalmente opuesta a la que tiene la insulina, el usar esta catecolamina representa una absoluta contraindicación para el diabético que no se encuentre controlado.

La complicación que puede revestir una mayor gravedad que puede ocurrirnos es el hecho de que se presente una pérdida de consciencia debido a un coma, ya sea del tipo hipo o hiperglucémico. Antes de que el paciente entre en coma, durante un tiempo se observará un seguido de síntomas y signos que pueden darnos pistas de que esto va a ocurrir, este tiempo es llamado el precoma, y es el momento en el que deberemos adelantarnos emitiendo un diagnóstico preciso, para lo que se deberá efectuar el estudio de la glucemia capilar mediante tiras reactivas.

Cínicamente, podemos encontrar dos posibilidades:

  • Coma hipoglucémico: Encontramos una respiración superficial, piel sudorosa y fría, y un pulso muy rápido y lleno. Es posible que también encontremos un estado de agitación, convulsiones e hipertonía. El tratamiento consistirá en administrar glucosa al paciente.
  • Coma hiperglucémico o coma diaético: Encontraremos respiración profunda, la piel seca y caliente, el pulso débil y rápido, así como un característico olor cetónico en el aliento. El tratamiento pasa por la administración de insulina.

Para terminar con un resumen, siempre se deberá solicitar la colaboración del médico endocrinólogo, y también se deberán extremar las medidas de precaución para de esta manera evitar cualquier posible complicación, entre las cuales se destaca la infección postoperatoria.

Otro problema que resulta indiscutible, cuyo mero hecho de estar ahí supone un factor de riesgo para la anestesia general y la sedación consciente es la obesidad, pero es frecuente que también olvidemos que lo es, pese a que, evidentemente, en menor grado, para la anestesia locorregional. La respiración diafragmática se encuentra disminuida per se, pero la posición en el sillón dental provoca que se reduzca todavía más la capacidad ventilatoria del paciente. De hecho, deberemos considerar al paciente que sufre de obesidad como si fuera un insuficiente respiratorio, en el que la presión de oxígeno arterial se encuentra, pese a que esté dentro de una normalidad, cerca de su límite bajo.

A todo lo anteriormente mencionado también tendremos que añadirle un seguido de condiciones asociadas, de las que deberemos destacar aquellas que corresponden al sistema cardiovascular: Insuficiencia cardíaca, hipertensión, apto riesgo de coronariopatía, etc. Además, también es posible que el paciente en cuestión sea diabético.

Otros peligros son los correspondientes a las interacciones de los posibles fármacos que el paciente esté tomando, ya sea porque sufra de enfermedades asociadas o incluso debido a la propia obesidad. En este sentido deberá vigilarse, por ejemplo, los agentes simpaticomiméticos que son usados cono anoregíxenos (las afetamínas se habían usado para este fin) o los extractos tiroideos, todos estos se destinan a conseguir un aumento del metabolismo basal.

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