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Estudios previos a la exodoncia

Publicado por Dr. Dario Vieira el 11 marzo 2016 en Odontologia

La correcta evaluación peroparatoria nos marcará las dificultades que pueden hallarse o las complicaciones que pueden ocurrir y es, por lo tanto, la base del éxito en una técnica de extracción. Como dice Howe “El tiempo empleado en una evaluación preoperatoria cuidadosa nunca es desperdiciado”.

Antes de realizar una extracción dentaria, al igual que cualquier maniobra quirúrgica, deberemos efectuar:

Los pasos previos a una exodoncia

Historia clínica del paciente

Es preciso que la anamnesis sea amplia y exhaustiva, profundizaremos y analizaremos cualquier detalle con la finalidad de detectar antecedentes o procesos patológicos sistémicos graves (alergias, enfermedades cardíacas, etc) que puedan alterar el curso de la exodoncia o inclusive llegar a contraindicarla. En el caso de detectar cualquier proceso morboso importante, se debe remitir el paciente al médico especialista, con el fin de estudiar adecuadamente el caso y adoptar la preparación pertinente. En estos casos, siempre hay que solicitar un informe por escrito antes de hacer cualquier gesto terapéutico. Tras estos estudios, se realizará una evaluación detenida de los problemas que presenta cada paciente en particular, y ello nos marcará nuestros gestos quirúrgicos, empezando por el tipo de anestesia que se ha de usar.

Exploración de la cavidad oral

Consiste en efectuar un estudio local y regional de los dientes, periodonto y el resto de estructuras orales, analizando especialmente los motivos de la exodoncia.

Valoraremos el tamaño de la boca y de sus maxilares, observando el estado séptico y el nivel de higiene de la boca del paciente.
La accesibilidad del diente y la cantidad de estructura dentaria remanente deben ser tomadas en cuenta. Los dientes con coronas amplias casi siempre tienen raíces largas, mientras que aquellos que presentan amplio desgaste (bruxismo) las cámaras pulpares están calcificadas y son más resistentes: además su base ósea es densa y rígida con una cortical externa convexa. Los dientes endodonciados pueden presentar reabsorción radicular y son frágiles.

Estudios complementarios

Dependiendo de los hallazgos obtenidos con la exploración local, regional y general, y de los datos de la anamnesis, indicaremos los estudios complementarios adecuados al casos (análisis sanguíneos con pruebas de hemostasia, pruebas de alergia a medicamentos, etc.).
En todos los casos es obligatorio realizar un estudio radiográfico que constará de una ortopantomografía y de una radiografía intraoral que visualice adecuadamente la zona periapical. Con ello obtendremos información sobre diferentes puntos:

  • Estructuras anatómicas vecinas: Situacion del nervio dentario inferior, del son maxilar, del agujero mentoniano o del suelo de las fosas nasales. Estado de los dientes vecino, eventual presencia de obturaciones en la cercanía del diente a extraer, posición ectópica o incluso dentaria, etc.
  • Estado del diente a extraer: Nos interesará especialmente su morfología radicular, aunque también su grado de destrucción y los tratamientos realizados previamente.
  • Estado periodontal: la situación del periodonto es muy importante, especialmente de la zona periapical. En ocasiones puede comprobarse radiológicamente la existencia de una lesión periapical que tendrá que eliminarse, e igualmente puede detectarse la presencia de imágenes radiológicas (radioopacas) que nos avisarán sobre la dificultad de la extracción.
  • Estado del hueso: Vigilaremos la estructura y la trabeculación del hueso vecino, controlando la posibilidad de la presencia de patología relativamente común: quistes, dientes incluidos, osteítis, etc, o de otras de etiología menos frecuente pero posibles como la tumoral.

Una buena radiografía nos permite reconocer cualquier anomalía que pueda dificultar la extracción.

Con la ayuda de un buen estudio preoperatorio del paciente que incluya todo lo referido con anterioridad, se podrá escoger el procedimiento que tenga mayores probabilidades de dar los mejores resultados.

Posiciones y maniobras previas a la exodoncia

Con el fin de facilitar al máximo las maniobras operatorias adecuadas para la exodoncia, el paciente y el profesional deben ubicarse de corma correcta. En principio, en el sillón dental se puede efectuar cualquier intervención quirúrgica, y especialmente la más elemental, la extracción dentaria.

La posición más óptima para el paciente es estar sentado con la talla torácica formando 90 o 45 grados con las extremidades inferiores. En ocasiones excepcionales se puede colocar al paciente en posición de Trendelemburg o acostado.

El paciente debe estar ubicado confortablemente en el sillón dental, con la espalda apoyada en el respaldo y con la cabeza localizada en cabezal de forma cómoda, pero consiguiendo que ésta quede relativamente fija.

La altura en la que se coloca el sillón y la ubicación del odontólogo varía según la técnica que se aplique en el maxilar superior o la mandíbula y el diente a extraer.
Hoy en día se tiende a colocar el paciente en posición horizontal o prácticamente acostado, con el profesional sentado.

Posición del paciente

Exodoncia en el maxilar superior

Respaldo del sillón en un ángulo de 45 grados con el cabezal ligeramente hacia atrás, de forma que la arcada superior forme un ángulo de 90 grados con el tórax.

Para obtener una visión correcta y una posición ergonómica del odontólogo se recomienda que la arcada dentaria superior del paciente se encuentre a la altura de los hombros del profesional.

En el maxilar inferior, lado izquierdo

El sillón dental debe estar en un ángulo recto entre el respaldo y el asiento.
La cabeza del paciente debe estar en el mismo eje de su tronco e ir a la altura de los codos del profesional.
Para las extracciones inferiores el sillón debe estar tan bajo como sea posible.

Exodoncia en el maxilar inferior, lado derecho

Ángulo de 45 grados entre el respaldo y el asiento, con el operador actuando por detrás del paciente y el sillón en una posición inferior.

Si se realiza una presa anterior, el sillón estará más elevado para permitir al odontólogo trabajar desde delante del paciente. Estas posiciones permiten que el brazo cuelgue de forma laxa de la articulación del hombro, por lo que evitan la fatiga asociada a sostener los hombros en una posición alta y poco natural. Las posiciones bajas permiten que los músculos de la espalda y de las piernas del dentista intervengan en la operación como ayuda para el brazo.

Posición del odontólogo
Para realizar la extracción de los dientes del maxilar superior, el profesional se coloca a la derecha del sillón dental y delante del paciente; así quedando profesional y paciente frente a frente.
Si debemos actuar en la mandíbula, en la hemiarcada izquierda nos situaremos a la derecha y delante del paciente. Para trabajar sobre la hemiarcada derecha se recomienda ubicarse detrás del paciente, inclinando por encima de la cabeza del mismo.

A pesar de todo lo expuesto, no existe acuerdo unánime con respecto a la posición del odontólogo y a la del paciente durante la intervención exodóntica. Es complicado que establezcamos reglas fijas, pese que queda claro que las posiciones adecuadas del operador y del enfermo contribuyen en gran manera a la destreza y la facilidad de la intervención; e todas formas, lo que resulta cómodo para un profesional, puede que no lo sea para el otro.

El operador no tiene que estar de puntillas, ni debe inclinarse demasiado; tampoco el paciente deberá estar en una posición forzada o incómoda. La posición correcta vendrá determinada por la estatura del odontólogo, la estatura del paciente, la región sobre la que se actúa y la dirección de la luz.

Posición de la luz

Normalmente, la mano derecha está destinada al manejo del instrumental quirúrgico y la mano izquierda colabora en la exodoncia sosteniendo el maxilar, separando los labios o la lengua, etc, lo que proporciona al operador los estímulos sensitivos necesarios para detectar la expansión alveolar y el movimiento radicular bajo las corticales óseas. Por estas razones, se coloca siempre un dedo sobre la cortical vestibular y/o palatina y lingual que queda sobre el diente, mientras que otro dedo retrae el labio y la lengua. Un ercer dedo, que puede ser el pulgar, guía el fórceps hacia su lugar y protege los dientes del maxilar opuesto contra el posible contacto accidental con la parte posterior del fórceps en caso de que el diente se desprenda de forma súbita.
En los individuos zurdos, estas funciones están cambiadas.

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