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Exámenes en la traumatología dentaria

Publicado por Dr. Dario Vieira el 10 octubre 2015 en Odontologia

Cuando el diente comienza a erupcionar, la formación de la raíz es incompleta y por lo tanto, su desarrollo apical. Como la erupción de los dientes permanentes comienza hacia los 6 años y dura hasta los 12, y la raíz continúa su desarrollo por un periodo de entre un año y medio a dos años y medio, después de su erupción, las lesiones de la boca, incluyendo la traumatología dentaria de pacientes entre los 6 y los 14 años tienen el potencial de interrumpir, alterar o detener el desarrollo radicular.

Estudios de Andreasen, confirman que las lesiones de los dientes ocurren con una mayor frecuencia entre los 7 y los 15 años de edad. Esto, como bien dice Backland, tiene un doble significado, favorable y desfavorable.

El favorable es que las pulpas de los niños son mayores que las del adulto y por lo tanto, tienen un mejor aporte sanguíneo y por lo tanto un mayor potencial de reparación.

El desfavorable es que las raíces inmaduras de los dientes con pulpas lesionadas pueden detener su crecimiento y terminar con unas paredes finas y débiles.

Por tanto, cuando los niños sufren una lesión dental, todo nuestro esfuerzo y conocimientos deben ir encaminados a mantener el diente y preservar en el caso de que fuera posible, la vitalidad de la pulpa.

Y aunque las lesiones traumáticas de los dientes ocurren a cualquier edad, el objetivo de este artículo debe ser el describir y tratar las lesiones en dientes permanentes jóvenes.

Etiología e incidencia

Las lesiones dentarias ocurren, con una mayor frecuencia, jugando, por caídas; haciendo deporte y por accidentes de circulación. La prevalencia de edad se establece en niños de entre unos 8 y 12 años, y en infantes cuando estos están comenzando a aprender a andar y por consiguiente dan sus primeros pasos.

Incisivos centrales maxilares y laterales son los más castigados y en menor grado los incisivos mandibulares.

La mayoría de estos niños presentan una maloclusión con protrusión (Clase II División I) y los labios no amortiguan el golpe.

Por desgracia, aunque son infrecuentes, podemos encontrar algunas lesiones dentarias en niños que sufren maltratos por sus padres, que emplean la fuerza de los golpes sin pensar en lo negativo de sus consecuencias.

Examen clínico

Los pacientes que han sufrido una lesión dental traumática, deberían de examinarse tan pronto como les sea posible.

En la anamnesis es importante conocer cuándo, cómo y dónde ha ocurrido este accidente y cuál es el tratamiento previo que se ha recibido, en el caso de que lo hubiera.

Dolor al juntar los dientes y hemorragia, movilidad e interferencia oclusal por el desplazamiento de un diente, estos son algunos de los síntomas que se dan con más frecuencia y nos relata el paciente cuando existe una luxación con extrusión, aunque pueden haberse afectado varios dientes por fractura de la maxila o la mandíbula.

A la vez que escuchamos al paciente, observamos si existe alguna complicación neurológica u otra de tipo médico.

Comenzamos a explorar las posibles lesiones extraorales.

Si hay o no desviación del contorno normal del hueso.

Si al abrir o cerrar la boca desvía la mandíbula o sentimos alguna anormalidad mientras palpamos la articulación temporomandibular.

Sensibilidad a la palpación: inflamación o hematomas faciales, en cuello o labios.

Si ha habido una fractura coronaria y lesión de los tejidos blandos adyacentes, deberemos examinar las heridas, visual y radiográficamente, por la posible presencia de fragmentos dentarios, sobre todo en los labios.

A continuación, examinamos los tejidos blandos intraorales: labios, lengua, mejillas, paladar y suelo de la boca.

Examen de los dientes y estructuras de soporte

cada diente deberá de observarse de forma cuidadosa por signos y sintomatología.

Es posible encontrarse desde una exposición mínima a una fractura coronaria a nivel del cuello del diente.

Puede haber movilidad del diente en sentido horizontal, que evaluamos de 1 a 3, según los milímetros de desplazamiento. También puede ser vertical. Si se tratara de un grupo de dientes podemos pensar en una fractura alveolar.
La movilidad de la corona debe diferenciarse de la del diente, aquella puede estar móvil, pero no el diente. Esto puede sentirse si colocamos un dedo sobre la mucosa oral y movemos el diente.

En una luxación, hay desplazamiento, con inflamación y hemorragia en el ligamento periodontal y sensibilidad a la percusión.

Pruebas de vitalidad pulpar

Pueden ser térmicas o eléctricas. Por todos es sabido, que estas pruebas las empleamos para conocer de forma general el estado de la pulpa y aunque nos dicen como está el nervio, no nos indican la presencia o ausencia de circulación sanguínea en la pulpa:; además, después e un trauma las terminaciones nerviosas pulpares están como dormidas y no transmiten los impulsos de un estímulo eléctrico o térmico.

Esto hace que nos pueda dar unos resultados falsos negativos.

Sin embargo, estas pruebas hay que realizarlas y repetirlas de forma periódica. Las más fiables, aparte de las eléctricas, son el lápiz de dióxido de carbono o la pequeña esponja saturada de cloruro de etilo; el hielo nos puede confundir, y es que este, al descongelarse el agua fría puede llegar a varios dientes.

De esta manera, podemos valorar el estado pulpar y su evolución.

Puede ser positiva y pasar a negativa; o mantenerse positiva, o ser negativa y pasar a positiva. No debemos olvidar que para que la circulación pueda normalizarse en la zona coronaria de un diente, completamente formado, es necesario que pase cierto tiempo, incluso hasta nueve meses.

El mantenerse negativa, sin embargo, tampoco puede ser indicativo de una lesión irreversible.

Examen radiográfico

las radiografías son necesarias y tienen un carácter indispensable en la traumatología dental. Sin embargo, una fractura radicular puede no apreciarse a menos que se hagan varias proyecciones o haya pasado cierto tiempo y haya tejido de granulación o líquidos tisulares entre los fragmentos.

Podemos conocer el lugar de la fractura en relación con la cresta alveolar. También la presencia o no de fractura ósea.

En la radiografía, observamos el estado de desarrollo del conducto radicular y grado de cierre del ápice, que dictarán el plan de tratamiento.

Además, nos ayudan a localizar cuerpos extraños y fragmentos dentarios, que pueden estar incluidos en los tejidos blandos.

En el caso de que suframos un trauma dental, deberemos tener en cuenta el que hay que acudir al odontólogo con la mayor celeridad posible, para así poder evaluar cuáles son los daños sufridos, y cuál es el tratamiento a seguir. En las Clinicas Propdental, nuestro equipo médico le ayudará en todo lo que sea necesario, acompañándole y asesorándole durante todo el proceso, para que no tenga ningún tipo de duda, y es que el equipo médico de Propdental busca como máxima su bienestar, para que usted pueda recuperar su sonrisa natural con la mayor celeridad que le sea posible.

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