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Exploración general de la cavidad oral

Publicado por Dr. Dario Vieira el 4 diciembre 2015 en Odontologia

La medicina bucal es una disciplina clínica dentro del área de la Odontología, que se ocupa del diagnóstico y el tratamiento médico de las patologías de la boca, los maxilares, de las glándulas salivales, del dolor orofacial, de la patología temporomandibular, así como del diagnóstico y tratamiento bucodental de pacientes con patología médica complicada o con manifestaciones bucales de patología sistémica.

La expresión ”Medicina bucal” confiere a dicha disciplina diversas connotaciones comunes con la medicina general, de forma que el dentista necesariamente va a coincidir en múltiples conocimientos, teóricos y prácticos, con el profesional de la medicina.

Desde el primer contacto entre un profesional de la salud y el paciente que va a consultar por un problema concreto, se comienza a establecer una relación: La elación médico – enfermo, o en este caso, la relación odontólogo paciente. La actuación del odontólogo o del estomatólgo ante el paciente deberá siempre estar basada en el conocimiento previo del mismo. Es por esto que resulta imprescindible la realización de una historia clínica, que resultará de practicar un interrogatorio o anamnesis y una exploración física de carácter exhaustivo, que se verá completada por aquellas pruebas complementarias que podrían aportar datos aclaratorios.

Por todo lo que exponemos más arriba, observamos que el sujeto a estudiar por el dentista es el paciente, y el objeto que deberemos investigar, la enfermedad. Este término procede del latín (infirmitas, -atis), que sugiere “falta de firmeza o entereza”, según afecte al plano físico o psíquico respectivamente. Pero no resulta posible el llegar a profundizar en el estudio de la enfermedad, si previamente no se conocen ciertas características del paciente, que modifican la enfermedad como objeto. Tanto es así, que en realidad no existen enfermedades, sino enfermos. La salud bucodental resulta por lo tanto una parte integrante de la salud general: Un paciente no puede estar considerado como completamente sano si existe presencia activa de patología oral.

Tras este preámbulo, se resumen los objetivos de este artículo y sucesivos en los siguientes:

  • Comentar algunos aspectos de la relación entre el odontólogo y el paciente afecto de patología oral.
  • Plantear cómo debería desarrollarse la historia clínica y la exploración física general.
  • Destacar los aspectos que más importan en la exploración de la cavidad oral
  • Presentar al paciente las reacciones básicas de los tejidos blandos bucales.
  • Relación entre el dentista y el diente

Cuando un paciente acude a la consulta del odontólogo, esta visita suele estar motivada por la presencia de dolor, impotencia o limitación funcional de algún tipo, o bien miedo o temor (cancerofobia, por ejemplo). Cualquiera de esas tres situaciones o las tres podrían resultar motivo de consulta. Además del motivo de consulta, tenemos que tener en cuenta unos factores modificadores (ansiedad, angustia, miedo, temor o estrés) que son capaces de alterar sosteniblemente la sensibilidad al dolor y la respuesta del paciente a la actuación del odontólogo. Estos factores pueden definirse de la siguiente manera:

Ansiedad: Perturbación psíquica que está caracterizada por un estado de extrema inseguridad e inquietud. Pese a que ordinariamente se acompaña de crisis de angustia, se diferencia de ésta por la predominancia de manifestaciones motoras (Sobresaltos). A menudo acompaña a enfermedades orgánicas y resulta más frecuente en individuos de emotividad extrema.

Angustia: Opresión, respiración fatigosa a causa de la “pesadez” de la atmósfera, de un estado morboso, de un disgusto, etc… Opresión del ánimo, fatiga, afán extremo, estado emocional desagradable, relacionado con la inquietud, la inseguridad, la incerteza, el temor y el miedo, que no es la respuesta a una amenaza real a la existencia del sujeto que la experimenta, sino la consecuencia de la impresión de un peligro indefinido (angustia psíquica o ansiedad). Este se acompaña de manifestaciones somáticas (visión borrosa, cefaleas, mareos, opresión precordial, taquicardia, taquipnea, vómitos, sudores, astenia, dolores abdominales, diarrea, poliuria, impotencia o frigidez, insomnio), que se denomina angustia somática. Puede acompañar a situaciones extremas para el paciente, en las cuales no s considera una manifestación de enfermedad, o relacionarse con intoxicaciones (medicamentosas, alcoholismo) o enfermedades psiquiátricas (depresiones, esquizofrenias).

Miedo o temor: Turbación del ánimo, sentimiento de inquietud y conmoción psico – fisiológica que se experimenta ante un peligro concreto, sea real o imaginario. Este se distingue de la angustia por el hecho de que ésta responde a un objeto nunca bien determinado.

Estrés: Conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta anatomo – fisiológica inespecífica antes diversos estímulos repetidos, como son el frío, calor, alegría, miedo, ruido, etc. También estado de tensión aguda del organismo obligado a reaccionar, defendiéndose frente a una situación de amenaza, una agresión cualquiera (traumática, tóxica, infecciosa, psicológica, etc).

Todos estos términos son diversos grados o formas de expresión anímica y/o física, en respuesta a una situación de adversidad, ya sea real o imaginaria, de carácter multifactorial, que depende en parte del miedo a lo desconocido, del temor al dolor, del miedo a la propia enfermedad (cancerofobia), etc. Con fin de que resalte más práctico, lo agruparemos bajo el nombre común de ansiedad.

Ansiedad: Causas de ansiedad en los pacientes

Entre los factores que pueden generar ansiedad en los pacientes, pueden incluirse:

  • Instinto de conservación y supervivencia (miedo a la pérdida de control y lesión de las regiones de la cara y del cuello)
  • Antecedentes traumáticos con el dentista, normalmente durante la infancia
  • Miedo al dolor (el dolor produce ansiedad, y éste aumenta la sensibilidad al dolor).

Manifestaciones de la ansiedad

El paciente con ansiedad puede acudir a la consulta presentando alguna de las siguientes manifestaciones:

  • Alteración del tono de voz o trastornos del lenguaje.
  • Expresión de temor en el rostro
  • Tensión corporal del paciente en el sillón dental: Cierra los puños, cierra los ojos, o los mueve de forma incesante, siguiendo cualquier movimiento del dentista o su ayudante.
  • Cambia de posición de forma constante, sin encontrar una que le agrade. Pregunta sin cesar qué tratamiento se va a seguir, o para qué sirve tal o cual instrumento.
  • Emplea de las preguntas como mecanismo para que se retrase el tratamiento
  • Manifestaciones neurovegetativas: Taquicardia, taquipnea, diaforesis, sialorrea, diarrea, poliuria.

Consecuencias de la ansiedad

La ansiedad del paciente repercute en la relación entre el paciente y el profesional, de formas tan diversas como:

  • Evitación o retraso de las visitas al odontólogo, con lo que se agrava la patología.
  • Disminución del umbral de tolerancia al dolor.
  • Menor colaboración o cooperación del paciente.
  • Recuerdos insatisfactorios.
  • La ansiedad del paciente favorece la ansiedad en el odontólogo.

Actitud del odontólogo frente a la ansiedad del paciente: El odontólogo deberá reconocer las manifestaciones de ansiedad del paciente, para llevar a cabo el tratamiento pertinente de la forma más conveniente. Para ello, debe adoptar ciertas medidas, antes y durante el tratamiento.

Antes del tratamiento odontológico: Escuchar pacientemente al enfermo
Recoger información de nivel de ansiedad y buscar su causa.
Explicar al paciente el plan de tratamiento.
Atender a cada paciente adaptándose a sus características personales, amable y respetuosamente.
Crear un ambiente de calma y relajación (movimientos suaves, seguros, hábiles y sin ruidos).
Planificar los tratamientos de forma progresiva (Comenzando por los menos traumáticos y molestos).
En ocasiones, puede ser necesario recurrir al empleo de ansiolíticos, la noche anterior y media o una hora antes de que comience el tratamiento.

Durante el tratamiento odontológico:

  • Evitar palabras de alto contenido emocional (aguja, pinchazo, dolor, molestia…)
  • Explicar lo que el paciente va a sentir (ruido, agua, acorchamiento) lo cual ejerce un efecto sedante neurovegetativo.
  • Informar al paciente acerca de la normalidad de ciertas manifestaciones fisiológicas (taquicardia, sudoración) durante el tratamiento.
  • Advertir al paciente si en algún momento va a sentir dolor.
  • Dar creencia de dominio al paciente, indicándole que con algún gesto nos manifieste sus sensaciones.
  • Emplear palabras de ánimo, como refuerzo ante comportamientos positivos (sobre todo en niños)

Más de la mitad de los pacientes que acuden al dentista presentan algún grado de ansiedad. Muchas veces, esto supone la causa de retrasos y anulaciones de visitas, hasta que el problema dental supera el malestar producido por la ansiedad.

El paciente que llega a la consulta dental en esta situación reclama del dentista una actitud dual: Terapéutica y ansiolítica. Esta última suele ser la más valorada por el paciente, quien, en general, no será capaz de evaluar la capacidad técnica del profesional. De ahí que el odontólogo deba adaptar su conducta a las características de cada paciente: No sólo tratará la enfermedad, sino, sobre todo, tratará al enfermo.

Importancia de la ansiedad en el dentista: Frente al paciente y sus problemas, hemos de considerarnos a nosotros mismos y tener en cuenta nuestros propios factores emocionales. En toda relación interpersonal existe un binomio de simpatía – antipatía, o bien de aceptación – rechazo. Estos sentimientos encontrados suelen ser recíprocos. Si el odontólogo se da cuenta de su papel negativo como terapeuta hacia otra persona, tendrá que lograr la superación de ese estado conflictivo, cambiando de actitud, pese a que no pueda modificar su sentimiento. Un entrenamiento positivo basado en el conocimiento de nuestras propias limitaciones puede resultar de gran utilidad para vencer nuestros propios miedos y temores, derivados de las conductas o características personales, que a su vez nos llevan nuevamente a la palabra clave: Ansiedad.

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