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Función de las muelas del juicio

Publicado por Dr. Dario Vieira el 7 febrero 2015 en Odontologia

Las muelas del juicio suponen tremendos horrores para algunos pacientes. Desde dolores punzantes interminables hasta el propio coste económico que supone la intervención para extraer las piezas. Es por ello que resulte común preguntarnos cual es la función de las muelas del juicio, para que existen, si solamente son una fuente de problemas.

Cometido de las muelas del juicio, un poco de historia

Las muelas del juicio son el molar más atrasado. Lo normal es que las muelas del juicio aparezcan en edades comprendidas entre los 17 y 25 años de edad. La mayoría de adultos posee cuatro muelas del juicio, pero es posible tener menos o incluso tener más, aunque este segundo caso suele ser poco habitual. En dicha situación, se denominarían molares supernumerarios.

El principal problema que pueden provocar las muelas del juicio no es el terrible dolor que nos pueden hacer padecer, sino interrumpir en el correcto crecimiento del resto de dientes de nuestra mandíbula, y que los desplacen o desvíen de alguna manera, causando un daño que será difícilmente reparable, requiriendo el uso de ortodoncia o que incluso no sea posible de corregir.

Es curioso observar que la genética actúa de manera muy significativa en las posibilidades que tenemos de desarrollar las muelas del juicio. Así por ejemplo en Tasmania es prácticamente imposible encontrar a alguien que las desarrolle, mientras que en México, cerca del 100% de la población las acaba padeciendo tarde o temprano.

Se cree que esta “mutación” tiene como origen el antiguo imperio Chino, y que su transmisión se realizó al resto del mundo en el periodo de Carlo Magno.

Para comprenderlo de un modo sencillo, podemos decir que las complicaciones derivadas de las mueles del juicio dependen de cuanto y en que dirección crezcan. en caso de que crezcan en una dirección desviada, se crea un opérculo, que consiste en un trozo de carne que cubre la muela y que puede causarnos un terrible dolor. Este bulto o puente de carne está constantemente bajo presión, porque choca con la parte superior de nuestra mandíbula ya que en teoría nuestro molar superior debería encontrarse con nuestro molar inferior, en lugar de una superficie blanda y bastante sensible como puede ser el opérculo.

El odontólogo estudiará la situación atendiendo a la profundidad de la desviación, de su dirección, del espacio disponible para el crecimiento del diente, la cantidad de diente que está cubierta por carne y el dolor que esto suponga al paciente. Con ello será capaz de estimar posibilidades de complicaciones mayores y de infecciones de boca, para decidir si es recomendable aplicar una extracción de las mielas del juicio o no. No obstante, la decisión final será siempre tomada por el paciente, una vez haya escuchado las recomendaciones oportunas que su profesional de confianza le haya comentado.

Aunque el nombre correcto es tercer molar, las muelas del juicio son conocidas por este nombre debido a que su aparición es tardía (mucho más que el resto de los dientes), y por eso se asocia con el “día del juicio”. Se piensa que el término probablemente provenga del latín densa sapientiae.

En ocasiones, cuando nos encontramos hasta un caso agravado, el dolor que provocan las muelas del juicio puede extenderse también al oído, a la cabeza e incluso a los ojos, y resultar complicado de soportar. Pese a que la intervención de extracción supone también bastante dolor, este es en su mayoría postoperatorio, ya que en la extracción se emplea anestesia local. En muchas ocasiones es necesario proceder a cortar el molar por la mitad para posibilitar su extracción, ya que como sabemos, los molares son las piezas dentales que mayor base tienen de nuestra dentadura, y es normal encontrar bastante resistencia. Además de esta forma es más sencillo eludir el obstáculo de la pieza vecina y el posible daño al nervio dentario inferior.

El tercer molar retenido puede dar lugar a un fenómeno llamado quiste dentígero, que daña mucho nuestra mandíbula debilitando el hueso. Por suerte esto suele ocurrir en aproximadamente un 5% de los casos, por lo que no es una complicación habitual.

Normalmente el paciente que acude por dolor en la zona, describe la sensación como un dolor producido porque la muela “está empujando”. En realidad esa sensación es falsa. Lo que realmente ocurre es que probablemente la zona se haya infectado levemente y se haya producido una inflamación. Dicha inflamación en la zona hace que tengamos la sensación de que el molar está haciendo presión en dirección superior para “salir”, pero no es así. En este caso debemos emplear un tratamiento de antibióticos adecuadamente definida, ya que el problema proviene de las bacterias que se hayan instalado en la zona.

Si padecemos de dolor causado por las muelas del juicio, no podemos permitir que el miedo al dentista o el temor al dolor que supone la extracción de las muelas nos frene a acudir a nuestro profesional de confianza, puesto que un tercer molar con caries o fracturado puede provocar la transmisión de caries a los molares colindantes, presuntamente sanos y que no extraeremos, haciendo que una complicación que puede ser solucionada, se torne en una complicación de carácter más permanente.

En muchas ocasiones cuando comenzamos a notar molestias en la parte trasera de nuestra dentadura y sospechamos que se trata de las muelas del juicio, evitamos cepillarnos la zona, pensando que así retrasaremos el problema pero en realidad el efecto es justo el contrario. Si notamos dolor debemos cepillarnos con mayor suavidad de la normal, pero nuca dejar de hacerlo. Nos cepillaremos n mínimo de 30 segundos en la zona. Posteriormente, con una pinza de depilar larga o algún instrumento similar, debemos coger una bola de algodón que previamente hayamos empapado en agua oxigenada de farmacia para heridas. Con la bola de algodón impregnada limpiaremos la zona suavemente y posteriormente escupiremos el agua oxigenada.

Tras un ligero enjuague realizaremos gárgaras con agua caliente y una cucharadita rasa de bicarnotado de sodio añadida al vaso de agua. Es importante que no olvidemos que el agua debe estar caliente. Enjuagamos profundamente por uno o dos minutos de reloj.

A pesar de que realicemos este proceso para higienizar la zona, debemos acudir de la misma manera a un profesional. Esta medida sirve para mantener la zona limpia y para retrasar o incluso impedir el nacimiento de infecciones tempranas, pero de ninguna manera evitará que requiramos el tratamiento de un odontólogo.

A estas alturas es posible que pensemos que el mito es cierto, la función de las muelas del juicio no existe y estas sólo nos traen cosas malas y no tienen ninguna función práctica buena. Es innegable que los inconvenientes son mayores a los beneficios, pero a todo se le puede buscar el lado positivo. Los terceros molares pueden resultarnos muy útiles si por algún motivo hemos perdido antes una muela. En este caso, mediante la conservación la muela del juicio, podemos obtener una muela funcional que sustituya la función cubierta por el molar caído, y así no ver nuestro número de piezas naturales afectado, ni requeriremos de implantes artificiales. Incluso, mediante el uso de ortodoncia, podemos lograr que el tercer molar se desplace al lugar donde antes estaba situado el molar perdido.

Cuando sufras de dolor de muelas del juicio, recuerda esto último.

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