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Historia de la odontología estética

Publicado por Dr. Dario Vieira el 10 febrero 2015 en Odontologia

Como seguramente ha habrás oído, la odontología estética ha avanzado mucho en los últimos años. Gracias a la tecnología moderna, los pacientes tienen un montón de opciones para conseguir una sonrisa perfecta en muy poco tiempo. El blanqueamiento dental, las carillas o los implantes dentales son tratamientos avanzados que están definiendo una nueva era en la odontología. Pero la voluntad de querer una sonrisa más bonita no es nada nuevo, la historia de la odontología estética se remonta a tiempos antiguos.

¿Cuándo empezó la odontología estética?

Algunas técnicas de la odontología estética se han llevado a cabo durante miles de años. En el año 3000 a.C se empezaron a utilizar pequeñas ramas para limpiarse los dientes y conseguir una sonrisa más sana y bonita. El primer cepillo de dientes no llegó hasta el año 1400 y se construyó con pelos animales. En el 1938 se fabricó el primer cepillo con nylon y el cepillo eléctrico se invento en el 1961.

Los inicios de la odontología estética

No hay mucha documentación sobre prácticas históricas de odontología estética, pero sí que sabemos que algunas civilizaciones utilizaban materiales parecidos a los dientes para sustituirlos. Alrededor del año 70 a.C, los etruscos hicieron dentaduras con marfil y hueso, y también era común construir dentaduras con dientes humanos o animales. Los dientes se extraían de las personas muertas o de personas vivas, que las vendían por necesidad. Aunque las nuevas dentaduras se deterioraban rápidamente, esta práctica duró hasta el año 1800 d.C.

Hacia el año 200 d.C, los etruscos utilizaban oro para hacer restauraciones similares a las coronas y a los puentes dentales, aunque sus objetivos eran más bien funcionales y no estéticos. También los egipcios hicieron sus pinitos en la odontología estética al colocar conchas marinas en las encías para recuperar los dientes. Los mismos egipcios, se inventaron una pasta de dientes con piedra pómez y vinagre que eliminaba las manchas de los dientes. Más asqueroso era el método de los romanos, que utilizaban una pasta que contenía orina, una sustancia que tiene un alto contenido de amoníaco, un agente blanqueador natural que se siguió utilizando en distintas variaciones hasta el siglo XVIII.

Barberos dentistas
Los barberos empezaron a realizar labores propias hoy en día de los dentistas en el año 1130. En el año 1210 se formó un gremio de barberos que consistía en cirujanos dentales e higienistas dentales. Hacia el 1400, se prohibió que los barberos realizaran cirugías dentales pero siguieron ofreciendo servicios de higiene oral. Los barberos realizaban empastes y cubrían los dientes con ácido para conseguir un color más blanco, lo que destruía el esmalte con el tiempo. Con el tiempo, la implicación de los barberos en odontología fue decayendo.

La edad de los dientes radiantes
A partir de entonces la odontología estética fue un experimento que se llevó a cabo durante varios siglos. En el 1400, se empezaron a fabricar dentaduras con hueso y marfil en Europa. Por desgracia, estas dentaduras eran extremadamente incómodas. Hacia el 1700, se utilizaron dientes humanos como implantes. Como sucedía con las dentaduras de hueso, el cuerpo no las asimilaba y las rechazaba. Después de observar este problema, en el 1800 se empezaron a utilizar metales para recuperar los dientes, pero la idea tampoco funcionó nada bien.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, se llevaron a cabo importantes avances en odontología protésica que ayudaron a allanar el camino hacia dónde estamos hoy en día. Alrededor del año 1770, se fabricaron las primeras dentaduras de cerámica, aunque no fue hasta 10 años más tarde que una persona las recibió. Pronto, los dentistas empezaron a utilizar moldes de yeso para fabricar dentaduras que se fijaran mejor a la boca de los pacientes.

Estos avances hicieron que los dientes de porcelana ganaran mucha popularidad en el siglo XIX, provocando un gran impulso económico en los dentistas. En 1840 se inventó la vulcanita, un material de goma que se empezó a utilizar como base para los dientes falsos y facilitaba su fijación y comodidad. Una década más tarde surgió el primer laboratorio protésico y en el 1903, Charles Land se inventó la corona de porcelana para sustituir amalgamas y empastes de oro.

Las coronas de porcelana de principios del siglo XX no eran demasiado eficientes, pero una vez se fusionó la porcelana con el metal, empezaron a funcionar bien. En ese momento, los laboratorios también empezaron a apostar por el acrílico como material para soportar las prótesis, un material que todavía se utiliza hoy en día.

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