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injertos del tejido óseo

Publicado por Dr. Dario Vieira el 19 Octubre 2015 en Odontologia

Podemos afirmar con rotundidad que uno de los retos más complicados que el odontólogo debe afrontar en la clínica es recuperar el hueso que se ha perdido por diversos factores etiológicos, como puede ser una enfermedad periodontal, tumores, fracturas, traumatismos, etc. Para esto, se utilizan los injertos del tejido óseo.

En este artículo pasaremos a ver cuáles son los tipos de injertos del tejido óseo, así como sus características y su comportamiento.

En el año 1923 ya se demostró que el autoinjerto resultaba viable para restaurar hueso perdido. Algunos de los primeros materiales que se emplearon para tratar de reestructurar el hueso fueron la escayola o el Boplant, un derivado bovino. Por desgracia, estos materiales no obtuvieron ningún éxito clínico.

Allá por los años 70 empezaron a investigarse las cerámicas de fosfato cálcico, y la investigación prosiguió con las biocerámicas, apareciendo los materiales de relleno inertes y biocompatibles (fosfatos betatricálcicos).

El éxito clínico se definía en términos de rellenos del defecto, pero con poca evidencia de regeneración. La hidroxipatita se convirtió en la cerámica de elección, y produjo resultados bastante aceptables en un corto y largo plazo. Los tratamientos de regeneración ósea no tuvieron una gran acogida hasta los años 80. A día de hoy se encuentran en el mercado una gran cantidad de injertos, y se han mejorado las técnicas de obtención de auto injertos, dando una gran variedad de procedimientos para así poder tratar de forma efectiva este tipo de deficiencias tanto en la cantidad como en el volumen óseo.

Generalidades del tejido óseo

Cualquiera que sea su tipo (largos, cortos o planos) la arquitectura y disposición de los tejidos óseos no varía: Son esponjosos o trabeculados en su interior y compactos o corticales en el exterior.

El 70% está formado por sustancias inorgánicas que le dan la dureza, y un 30% de sustancias orgánicas que le confieren elasticidad. La matriz inorgánica del hueso está formada por unidades llamadas osteonas y el conjunto de todas ellas son las que forman el hueso.

Existen tres tipos de células del tejido:

  • Osteoblastos: Células que se encargan de la producción de la sustancia ósea.
  • Osteocitos.
  • Osteoclastos: Células destructoras del hueso.

Los osteoblastos son células que sintetizan diversos componentes de la matriz orgánica que se mineraliza a posteriori. Las células precursoras de osteoblastos (osteoprogenitoras) están presentes en el periostio, y en el endostio que cubre las superficies óseas y el estroma de la médula ósea. Se caracterizan por su capacidad productora de hueso sin la influencia de ningún agente inductor (células precursoras osteogénicas determinadas).

Los osteoblastos derivan de células preosteoblásticas que morfológicamente son aprecidas a los fibroblastos, y su función es producir colágeno, esencial para la formación del tejido óseo. Los osteoblastos tienen receptores para numerosas sustancias y existen factores locales y hormonales que influyen en su función, tales como la Parathormona, que es capaz de estimular su replicación, o de la Vitamina D, que la inhibe. La vida promedio de los osteoblastos se cree que es de 1 a 10 semanas y pasado este tiempo pueden desaparecer.

Los osteoblastos se denominan osteocitos cuando la matriz orgánica que han producido los engloba por completo. Cada uno de estos, está rodeado de un espacio lagunar en el hueso y se conectan con otros osteocitos y con osteoblastos por medio de sistemas de canales.

La presencia dentro de las células de estructuras como son las mitocondrias, vacuolas citoplasmáticas, etc., podría estar indicando que éstas estarían cumpliendo una función determinada en el proceso de reabsorción ósea (osteolisis osteocitaria), entonces podríamos afirmar que los osteocitos representarían a las células que se encargan de dar una respuesta rápida a en la eliminación del calcio del tejido óseo. Es probable que este proceso sea importante para el intercambio iónico entre el tejido mineralizado y el fluido extracelular. La vida de los osteocitos es de varios años, incluso décadas. Los osteocitos son células finales que no se renuevan, y el recambio de la población es producida a través de los osteoblastos.

Los osteoclastos son derivados de la fusión de células mononucleadas de naturaleza monocitaria, procedentes de la corriente sanguínea o de la médula ósea. Una de sus funciones es la reabsorción del tejido óseo, estimulada por efectos de hormonas y factores locales. Los osteoclastos forman cavidades en forma de túneles, y las paredes de estos se van forrando de osteoblastos, que se disponen en capas óseas concéntricas y así se va creando y modelando el tejido óseo.

En el hueso existe una trama de fibras colágenas en la que se fijan los fosfatos cálcicos en forma de cristales de hidroxiapatita, que al pasar el tiempo, forman un tejido sólido que se van uniendo entre sí por el aporte de minerales como el calcio y el fósforo. La trama de colágeno es sintetizada por los osteoblastos y la fijación de los cristales de hidroxiapatita tiene lugar por precipitación en el momento en el que la reacción de solubilidad entre el calcio y el fósforo es superior al punto de saturación de la solución de los dos componentes. Para terminar el proceso de osificación, es necesaria la presencia de la fosfatasa, que se encarga de liberar fósforo y aumenta así la reacción iónica entre el calcio y el fósforo, más allá de los límites d ela solubilidad, permitiendo de esta manera la precipitación de fosfato cálcico.

Entonces, podemos decir que el proceso de osificación resulta de varios factores como pueden ser las modificaciones locales, al composición del plasma y de los líquidos intersiticiales y el balance entre asimilación y eliminación de calcio por la vitamina D.

Reparación y regeneración de los tejidos óseos

El término de reparación hace referencia a que ante una agresión, en la cual se pierde sustancia, el organismo reacciona con un proceso de restauración del tejido. Este proceso se inicia con la formación del coágulo sanguíneo, que se diferencia en tejido fibroso que rellena el defecto, el cual no conserva ni su arquitectura ni su función original, y sus propiedades y características no se corresponden con las que tenía previamente.

La regeneración hace referencia a la creación de un tejido de iguales características al original, donde no existe diferencia alguna con el tejido circuncidante.

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