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La cirugía atraumática

Publicado por Dr. Dario Vieira el 16 marzo 2016 en Odontologia

Uno de los principios básicos de la Cirugía es que la manipulación de los tejidos tiene que hacerse con el mínimo traumatismo; para ello deberá realizarse:

Cirugía atraumática

Manejo cuidadoso de los tejidos: los tejidos lacerados, desgarrados y rotos tienden a perder vitalidad y se vuelven necróticos, lo que favorece la infección, terminando finalmente por alterar los procesos reparativos de curación y cicatrización.

Intervenciones bien planeadas de antemano, a fin de minimizar el traumatismo. En Cirugía Bucal se usa con frecuencia diferentes tipos de colgajos, y éstos deben cumplir los principios fundamentales que serán estudiados en sucesivos artículos.

En el plan quirúrgico deberá tenerse bien claro nuestras ideas respecto al:

  • Tipo de anestesia a realizar.
  • Disponer del material e instrumental adecuado.
  • Tener un ayudante y personal auxiliar de campo bien formado y entrenado.
  • Sistema de aspiración y fuente de luz adecuados.
  • Plan postoperatorio.

De esta manera, el cirujano provocará un traumatismo justificado durante la intervención quirúgica, pero siempre deberá proceder con cuidado al manejar o eliminar tejidos, ya que la reacción del paciente después de la intervención estará prácticamente en proporción directa con el cuidado que haya tenido en el manejo de órganos y tejidos en la fase quirúrgica.

Control de la hemorragia

El sangrado en la herida operatoria es un hecho constante por motivos obvios, por lo que siempre en mayor o menor grado se producirá una pérdida de sangre.
En cirugía bucal, el proceso fisiológico de hemostasia consigue coaptar la hemorragia; en caso contrario, se aplicarán las medidas apropiadas para evitar el sangrado. Todo ello será estudiado en otros artículos con su debida extensión. La sangre arterial es de color rojo intenso, relativamente poco espesa y expulsada a pulsaciones, mientras que la sangre venos es de un rojo más oscuro y con un flujo constante.

Toda pérdida de sangre importante, valorada mediante el hematocrito del paciente , exigirá la reposición de sangre total o de componentes de ésta. En los pacientes que sean tributarios de cirugía programada por patología que comporte pérdidas sanguíneas y en los que se prevé que se deberá efectuar una trasfusión, es de gran interés realizar la autotransfusión con sangre del mismo individuo, que se habrá extraído unas semanas previas a la intervención.

El tratamiento adecuado de la hemorragia durante o después de la operación puede dar lugar a:

Hematomas

Colección o laguna de sangre acumulada en un espacio anatómico. El hematoma no tiene circulación hasta que se organiza y ofrece unas condiciones óptimas para la infección. Un hematoma infectado es muy difícil de tratar con antibiótico, ya que estos llegan con gran dificultad a su zona.

;os hematomas son digeridos lentamente, aunque a menudo pueden permanecer como cavidades residuales con paredes fibrosas. En principio los hematomas deberán ser evacuados por incisión y drenaje.

Si un hematoma se organiza, es muy posible que sea precisa su exéresis quirúrgica.

Equimosis

La extravasación de sangre en los planos tisulares superficiales – piel y mucosas- produce una equimosis. En la cara, estas equimosis descienden pro la fuerza de la gravedad por los planos anatómicos, y se dispersan en las regiones cervicales, llegando incluso hasta la pared anterior del tórax.
Las extracciones dentarias, sobre todo las quirúrgicas, al igual que toda intervención de Cirugía Bucal, comportan un edema postoperatorio inevitable. SI las medidas de control de la hemorragia no han sido aplicadas de forma correcta, este edema se encontrará muy aumentado, y podrá verse asociado a una equimosis.

La mancha equimótica es primero de color negro o azul, y se vuelve amarilla a la vez que emigra desde el lugar de la intervención por la cara y el cuello

Control de las vías aéreas

Con el fin de que el paciente pueda en todo momento realizar normalmente la función respiratoria es fundamental en Cirugía conservar la permeabilidad de las vías respiratorias.

Podemos encontrarnos con la obstrucción de la glotis por diversos motivos

  • Edema por traumatismo o infección.
  • Deglución de la lengua, en caso de pérdida de consciencia.
  • Acumulación de secreciones de la boca y de la faringe.
  • Oclusión mecánica por cuerpos extraños, por ejemplo por deglución de una prótesis dental.
  • Intoxicación por fármacos (depresores respiratorios o relajantes musculares).

La obstrucción de las vías respiratorias se traduce por una sensación de asfixia acompañada por una cianosis, y suele seguir de una depresión de todas las funciones vitales. Cuando el individuo todavía se encuentra consciente, éste trata desesperadamente de recuperar la permeabilidad de las vías respiratorias, lo que no ocurre con el paciente inconsciente.

Se deberá actuar con urgencia ante esta eventualidad:

Tirar de la lengua todo lo que sea posible: adelantar la posición de la mandíbula. Ambas maniobras ayudan a elevar la epiglotis
Palpación digital de la orofaringe con el fin de eliminar posibles cuerpos extraños que la ocluyan. Por norma general, se puede localizar el cuerpo extraño por inspección directa o visualizarlo mediante un espejo. Deberán examinarse todas las áreas sospechosas desde diferentes ángulos.
Cuando el objeto se haya visualizado y localizado, se procederá a la extracción mediante unas pinzas. Nunca deberá intentar extraerse el cuerpo extraño a ciegas, ya que podríamos desplazarlo hacia la vía aérea y obstruirla.

Realizar la maniobra de Heimlich. A los adultos y niños mayores se hace la maniobra estando de pie y cogiendo al paciente por detrás. Luego se aplica fuerza sobre el abdomen con el fin de generar una acción respiratoria potente, capaz de desalojar el cuerpo extraño de vía aérea. En los niños menores de 7 años, se deberán colocar en decúbito supino, y nosotros nos situamos de rodillas junto a él. Se coloca una mano sobre el abdomen, entre el ombligo y la parrilla costal, y se presiona con fuerza varias veces. En los niños muy pequeños, esas maniobras pueden producir lesiones hepáticas, por lo que se coloca el niño boca abajo sobre el antebrazo del profesional, sujetando la cabeza y el cuello y se le dan con rapidez cuatro golpes en la espalda, entre ambas escápulas. Si con esta acción no se soluciona la obstrucción, se coloca el niño en decúbito supino, sobre una superficie firme, y se le dan cuatro golpes en el tórax (como la reanimación cardíaca) con dos dedos colocados sobre el esternón.

Colocar un tubo de Mayo o de Guedel

Intentar pasar un tubo endotraqueal (intubación oro o nasotraqueal) y administrar oxígeno.
Respiración artificial.
Traqueostomía o cricotiroidostomía. Se realiza como última solución y cuando han fallado todas las otras medidas.

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