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Las caries de fosas, fisuras, hoyos y surcos

Publicado por Dr. Dario Vieira el 27 febrero 2016 en Odontologia

Como podemos ver debido al desarrollo embriológico, los dientes constan de una anatomía oclusal abigarrada y variable, lo que condiciona unas características morfológicas muy peculiares, en la superficie oclusal y en las libres, que son las realmente responsables de la aparición de diversos accidentes o defectos de estructura que terminen por favorecer la caries. Pero a decir verdad, es en la superficie oclusal de la dentición del sector posterior donde encontramos mayor esta susceptibilidad. Además, durante el desarrollo embriológico del esmalte, también se produce otro tipo de defectos de estructura a nivel de las superficies libres que tienen que ser consideradas en todos los estudios de la patología dentaria.

Caries: Amelogénesis

A fin de lograr entender la morfología de la superficie oclusal con los hoyos, las fisuras, los surcos y las fosas, es importante que realicemos un breve recuerdo del desarrollo embriológico del esmalte responsable de la formación.

En la dentición del sector posterior, encontramos que la amelogénesis comienza después del inicio de la dentinogénesis en las áreas de los futuros vértices cuspídeos. En el momento en el que se forma la primera capa de dentina, debe producirse una diferenciación de los ameloblastos, no se produce a la vez en toda la capa del epitelio intero/preameloblastos, sino que esto ocurre de modo progresivo, teniendo su origen en las áreas de los vértices cuspídeos, y continuando hacia la región cervical, lo que condiciona que el espesor del esmalte sea distinto tanto a nivel cervical como oclusal, siendo mayor a nivel oclusal y tercio medio de la corona, mientras que será menor a nivel cervical.

La producción continuada de capas de esmalte en cada área cuspídea motiva la creación de zonas de confluencia. De ese modo, originamos una degeneración y/o muerte de la cama de preameloblastos/ameloblastos quedando comprimida entre las dos cúspides proliferantes, lo que condiciona una zona de no producción de esmalte. Estas zonas se corresponden a los hoyos, las fosas, las fisuras y los surcos con una morfología que depende del diente así como de la localización, del estadio de la amelogénesis en la que se produce, así como del grado de desarrollo de las cúspides.

Carácterísticas morfológicas

De forma habitual en los hoyos, así como en los surcos, las fisuras y las fosas, son llamadas indistintamente siendo esto completamente erróneo, y es que cada uno cuenta con sus características anatómicas bien diferenciadas.

Asimismo, los hoyos, también conocido como “pits”, son pequeñas depresiones puntiformes y redondeadas, que son condicionadas por defectos locales del esmalte. Las fosas resultan áreas de confluencia de los surcos y fisuras que podemos observar en las superficies de premolares y molares, si bien también podemos localizarlas en las superficies palatinas de los dientes del sector antero – superior.

Los surcos se corresponden a la zona de confluencia de los lóbulos de desarrollo, y los podemos observar a modo de depresión en la base de dos cúspides. En algunas ocasiones, en el fondo de estos surcos podemos observar una invaginación, hendidura o grieta profunda, lo que constituye las llamadas fisuras. Estas fisuras no tienen que comprender toda la longitud del surco.

Estos accidentes anatómicos, y fundamentalmente las fisuras, son los elementos estructurales que favorecen la aparición de la caries. Su tamaño, forma y amplitud son variables e inclusosu extensión, ya que en diversos casos llegan a alcanzar el límite amelo – dentinario.

A fin de realizar una descripción detallada de las fisuras y los surcos, tenemos que seguir la clasificación de Nagano que hemos modificado:

Tipo abierto: se da cuando el ángulo que forman ambas vertientes cuspídeas internas es muy amplio.
Tipo en V: se da cuando el diámetro de la entrada resulta mayor que en las zonas profundas. Pueden ser abiertas o cerradas, dependiendo del ángulo que formen las vertientes cuspídeas internas.
Tipo en U: cuando el diámetro de la entrada de la fisura resulta igual en las zonas más profundas.
Tipo en I: Este tipo constituye una hendidura o grieta más o menos recta, y de una gran profundidad.
Tipo en IK: estas son caracterizadas por corresponder a unas hendiduras muy estrechas, que finalizan en profundidad en forma de ampolla.
Tipo en Y invertida: se da cuando existe una bifurcación al fondo de la fisura.
Tipo en reloj de arena: cuando existe una combinación de tipo V en superficie, y además de tipo V en invertida con forma de ampolla en el fondo de la fisura.
Tipo de embudo: cuando encontramos una combinación de tipo en V en superficie y un tipo en U en el fondo de la fisura.
Otros tipos: en algunas ocasiones observamos algunos surcos y fisuras en morfologías abigarradas y muy variables.

Las formas que se dan con una mayor frecuencia son en V, con un 34% de incidencia, por detrás de las de tipo en IK, con un 26% después del tipo I con un 19%, y para terminar el tipo U, con un 14%.

El diámetro de las fisuras suele ser de aproximadamente 0,1 milímetros, lo que resulta ser inferior al diámetro de las cerdas de los cepillos de dientes, que son superiores a los 0,2 milímetros. Esto significa que resulta imposible la remoción de las bacterias, así como de los restos de alimentos y nutrientes de su interior.

Independientemente de las características morfológicas que presenten las fisuras y los surcos, deberemos tener otras consideraciones en cuenta, como puede ser el espesor del esmalte que existe desde el fondo de la fisura hasta el límite amelo – dentinario, cuyo grosor puede ser de 0,2 milímetros o menor, así como la existencia de “cracks” en esta zona.

La localización de las caries en las superficies oclusales ya ha sido descrita por Miller durante el siglo 1800; estas se suelen observar más prematuramente que las que se ubican en las superficies proximales.

La incidencia de caries en las superficies libres del diente es pequeña cuando esta es comparada con la de fisuras, hoyos, fosas y surcos, llegando en algunos casos a alcanzar el 50% de todas las localizaciones, y siendo esta localización más frecuente entre el rango de edad niño – adolescente.

Esta frecuencia tan alta de caries en estas zonas fue previamente establecida al inicio del siglo pasado, en un trabajo que fue realizado por Hyatt en el año 1923, quien estudió más de 2500 fisuras de dientes del sector posterior, encontrando únicamente una fisura libre de caries. Posteriormente sería Bodecket quien, en el año 1929, realizaría otro estudio constatando esta alta incidencia, y es que en el 90% de las fisuras de estudio encontró caries, estando afectados un 98% de las fisuras de los primeros molares.

Podemos encontrar la caries en todos los países, y es que afecta a toda la población. Por suerte, gracias a los avances de la medicina y de la odontología, podemos afirmar que hoy en día esta enfermedad, cogida a tiempo, no es más que un trámite (en ocasiones doloroso), pero tenemos la certeza de que se curará con facilidad en el caso de que se diagnostique rápidamente. Naturalmente como siempre decimos, y sobre todo con las enfermedades como son las de etiología cariosa, tenemos que remarcar y hacer especial hincapié en que será fundamental segur una buena técnica de prevención a fin de combatir esta molesta y dolorosa patología.

Realizar una visita de carácter semestral a nuestro dentista de confianza debería ser suficiente para tener a raya cualquier enfermedad oral de poco bagaje como es la caries y la enfermedad periodontal. Si hacemos caso de estos consejos, lograremos que cualquier visita al dentista no sea más que un mero trámite, donde además de disfrutar de los beneficios que nos otorga la profilaxis dental, nos aseguraremos de que no estamos cursando ninguna patología de forma silenciosa. Acude a las Clínicas Propdental y ahórrate un dolor de muelas, tu salud y tu bolsillo lo agradecerán.

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