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Las consideraciones odontológicas de la lactancia

Publicado por Dr. Dario Vieira el 8 mayo 2014 en Odontologia

Podemos clasificar la alimentación del infante durante el primer año de vida en dos etapas perfectamente definidas. La primera de ellas comprende los cuatro o seis primeros meses, en los que se utiliza un régimen lácteo de forma exclusiva. La segunda, que se desarrolla a partir de los cuatro o seis meses hasta el año de edad, el niño continua haciendo uso de productos lácteos en una gran medida pero asocia ya, a estos últimos, una variada gama de otros alimentos.


La alimentación del infante durante el primer año de vida

Como es sabido, los primeros meses de vida del bebé son la etapa más significativa para su crecimiento y desarrollo, en la que tiene altas necesidades de nutrientes. Por ello, la naturaleza dotó a las madres de la leche de mujer, que no sólo aporta todos los nutrientes necesarios para cubrir las necesidades del infante, sino que también se adapta perfectamente a las limitaciones del recién nacido. La verdad, es realmente importante iniciar la lactancia de forma precoz, es decir, poner al niño al pecho tan pronto como sea posible, algo que facilita la secreción y duración de la lactancia como también establecer de forma profunda las relaciones afectivas maternofiliales. La verdad, todos los comités de expertos en nutrición aconsejan utilizar la leche como alimento fundamental del infante hasta el año de edad. No obstante, a partir de los cuatro o seis meses, la leche materna se combinará con alimentación complementaria, entendiendo ésta como la administración al lactante de cualquier alimento diferente a la leche de la mujer. Este se considera un paso fundamental entre la alimentación láctea exclusiva y la alimentación del niño mayor y del adulto.

La caries dental y las maloclusiones

Durante el primer año de vida, etapa en la cual la lactancia adquiere un papel fundamental, existen dos consideraciones odontológicas que deben tenerse especialmente en cuenta: la caries dental y las maloclusiones. En primer lugar, podemos definir la caries dental como un proceso destructivo de la corona de los dientes, extremadamente frecuente y que afecta tanto a la dentición temporal como a la permanente. Por lo general, la leche materna es muy dulce y, en ocasiones, algunos bebés utilizan los pechos de su madre para sustituir la función del chupete. Es en estas situaciones cuando pueden aparecer caries dentales, debido a una excesiva exposición del recién nacido. Así, la leche humana como solución azucarada puede llegar a promover la desmineralización del esmalte, siempre y cuando esté en contacto con la boca del infante durante ocho horas seguidas. Popularmente, este tipo de caries ha pasado a denominarse “caries de biberón” o “caries del lactante”, atribuyendo su aparición a un uso inadecuado del biberón o a una excesiva exposición al pecho de la madre. Sin embargo, son muchos los factores que pueden incentivar la enfermedad, por lo que la mejor denominación científica del fenómeno es “Caries de Infancia Temprana (CIT)”. Así pues, como todo proceso de caries, la CIT se fundamenta a partir de cuatro factores: mircroorganismos patogénicos en la boca, carbohidratos fermentables, superficies vulnerables y el tiempo, así como otros factores del entorno. Para evitar situaciones de Caries de Infancia Temprana, la mayor medida de prevención es practicar una buena higiene oral desde el nacimiento del bebé, así como seguir las pautas y recomendaciones del dentista pediátrico. Por otro lado, la lactancia o el amamatamiento es el responsable de la maduración de los músculos de la masticación del bebé. La verdad, al principio dichos músculos están preparados por una única función: amamantar. A medida que ésta se desarrolla, se preparan para cumplir correctamente con funciones posteriores más complejas, es decir, masticar. Así, los movimientos que debe realizar el bebé al amamantar permiten la maduración del sistema muscular para completar su desarrollo dental y maxilar. Cualquier otro tipo de alimentación que no sea natural, podría desfavorecer el crecimiento y el desarrollo del área dentofacial del recién nacido. Asimismo, una posible inestabilidad psicológica del bebé podría conducir a hábitos bucales incorrectos, que podrían causar graves maloclusiones que afectan tanto a la estética como a la función bucodental. La verdad, las maloclusiones suelen producirse por hábitos musculares bucofaciales nocivos, tales como la succión digital (que el infante se chupe el dedo), hábitos alimenticios inadecuados, enfermedades nasofaríngeas, posibles disturbios en la función respiratoria, una postura no natural de la lengua, entre otros. Ampliamente, esto significa que la mayoría de maloclusiones pueden prevenirse con una atención dental profesional adecuada. Así, el cuidado bucodental del bebé no debe limitarse únicamente a la higiene bucal, las cualidades de la dieta o la simple aplicación de flúor. Desde Clínicas Propdental queremos destacar la importancia de seguir las recomendaciones del dentista experto en pediatría. Con un correcto trato del bebé, se crearán las condiciones propicias para mantener su salud bucal y prevenir muchas enfermedades.

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