CLÍNICAS DENTALES EN BARCELONA
PIDE CITA AHORA
934 914 914
Español Français English
Inicio » Movimientos mandibulares durante la masticación

Movimientos mandibulares durante la masticación

Publicado por Dr. Dario Vieira el 29 julio 2015 en Odontologia

En condiciones normales, los individuos varían considerablemente de unos a otros en sus patrones de masticación, de la misma forma en que lo hacen en su forma de andar, pero en cada persona el patrón de movimiento tiende a adoptar un carácter individual bastante constante. Algunos individuos son masticadores bilaterales alternativos, mientras que otros tienden a favorecer más un lado que otro.

Los golpes masticatorios pueden predominar en el sentido vertical, o por el contrario, pueden predominar en el sentido horizontal, con amplios movimientos laterales. Además, el patrón masticatorio puede variar en un mismo individuo, en función del tipo de bolo alimenticio y del tiempo invertido en masticar.

Los estudios cinefluorográficos, cinematográficos y electromagnéticos han demostrado que, en el plano frontal, cada ciclo masticatorio comienza con una fase de apertura durante la cual la mandíbula se desplaza ligeramente hacia un lado que en muchos casos es el de trabajo, aunque también puede ser el de balanceo, y se dirige seguidamente hacia el lado de trabajo.

Como término medio, en esta fase de apertura el punto incisal se desplaza hacia abajo entre 16 y 20 milímetros, y rara vez sobrepasa el mínimo necesario para poder abarcar el alimento. La fase de cierre se realiza con un aumento del desplazamiento mandibular hacia el lado de trabajo, para finalmente, volver a la línea media. El promedio de deflexión lateral está entre 3 y 7 milímetros.

Durante la masticación natural, es decir, permitiendo que el sujeto mastique sin darle ninguna instrucción previa, el bolo masticatorio se va desplazando al azar entre ambos lados, variando considerablemente la extensión y la dirección del desplazamiento lateral de la mandíbula. Sin embargo, existe un lado preferido para la masticación que es aquel en el cual existe un mayor número de contactos oclusales en trabajo. Solamente en los sujetos portadores de prótesis completas, el bolo alimenticio se reparte simultáneamente entre ambos lados.

En el plano sagital, los movimientos de apertura y cierre mandibular se parecen bastante a un ciclo ordinario de apertura y cierre. No difieren tanto en los distintos individuos ni son tan dependientes del tipo de alimentación o del tipo de oclusión. El movimiento de cierre no tiene una relación posicional definida con respecto al de apertura: En ocasiones ambas curvas se cruzan, en otras ocasiones la fase de cierre está situada en una posición más anterior que la de apertura, mientras que otras veces está más posterior. El movimiento de apertura se inicia con frecuencia con una fase protrusica que coincide en parte con la deflexión lateral de la mandíbula que se evidencia en el plano frontal. Este movimiento protrusivo – lateral permite una acción de trituración, no sólo durante el cierre, sino también durante la apertura mandibular.

Gran número de investigadores, utilizando cinerradiografía, técnicas fotoeléctricas, y distintos mecanismos ideados para cerrar un circuito eléctrico entre los dientes superiores e inferiores cuando éstos entran en contacto, han demostrado de forma irrefutable, que los dientes entran en contacto durante la masticación.

De hecho, si se lleva a cabo un registro kinesográfico de los ciclos masticatorios habiendo registrado previamente los movmientos bordeantes contactantes en los planos frontal y sagital, se observa que, en muchas ocasiones, la parte superior del ciclo masticatorio se superpone al trazado correspondiente al movimiento bordeante contactante, tanto en la fase inicial de apertura mandibular, como en la fase final de cierre, lo que permite asumir que, en estas fases del ciclo masticatorio se produce un contacto dentario, el cual tiene lugar a lo largo de un recorrido que se incisa en una posición lateroprotusiva y termina en PIM.

Este deslizamiento contactante amplio, de 2,8 a 0’35 milímetros, mientras que los estudios practicados en europeos han evidenciado un deslizamiento contactante más reducido, de 0’9 a 0’36 milímetros. El ángulo del deslizamiento en relación al plano oclusal también varía en función, éste ángulo es muy pequeño (18’3), mientras que en sujetos con poca abrasión es mucho mayor (36’9).

Por otro lado, los movimientos mandibulares se modifican en función de la fuerza necesaria para triturar el alimento, de manera que el contacto deslizante es mayor cuando el bolo alimenticio es duro que cuando es blando. Sin embargo, los contactos oclusales no se realizan en todos los golpes masticatorios, sino tan sólo en un porcentaje de los mismos que varía entre el 20 y el 84%. Los ciclos masticatorios sin contactos oclusales se dan principalmente al inicio de la secuencia masticatoria, y a medida que el bolo masticatorio va siendo desmenuzado, los contactos oclusales van aumentando.

La oclusión de los dientes no solamente ejerce una influencia sobre el movimiento mandibular en las proximidades de la PIM, sino que también afecta a la totalidad del movimiento masticatorio. En los individuos con protección anterior o guía canina, la deflexión lateral de la mandíbula está reducida y el movimiento asumen una dirección más vertical, mientras que, cuando existe una función de grupo, la lateralización mandibular es mayor. Ahglgren también había demostrado que en un alto porcentaje de sujetos con interferencias en balanceo muestran unos ciclos masticatorios en predominio vertical.

Dado que la limitación de la apertura, la desviación durante la misma y las dificultades en la masticación son considerados signos y síntomas frecuentes de la disfunción craneomandibular, muchos autores son los que han pretendido asociar diversas anomalías de la movilidad mandibular a esta patología. Sin embargo, Mohl, realizando una revisión crítica de todo lo publicado sobre esta cuestión, concluye que en el momento presenta la pretensión de que los registros de la movilidad mandibular poseen un valor diagnóstico en la disfunción cráneomandibular no está adecuadamente apoyado por la evidencia científica.

La duración del ciclo masticatorio varía entre 0’6 y 1 segundo. La velocidad del movimiento masticatorio varía en función del sujeto y del tipo de alimento, aunque es cambiante, en un mismo individuo, de un ciclo a otro. La mandíbula se acelera al principio de las fases de apertura y cierre, y desacelera al acercarse a los puntos de cambio de dirección del ciclo, fundamentalmente cuando se acerca a la PIM. En general, la velocidad mayor se registra en el centro de las clases de apertura y cierre, y es en general mayor en el movimiento de apertura que en el de cierre.

El estudio de los ciclos masticatorios es también un sistema para evaluar el éxito de un tratamiento protésico extenso, puesto que se ha observado que los sujetos portadores de prótesis removibles inestables presentan unos ciclos masticatorios con menor desplazamiento mandibular y una mayor duración de la fase de ascenso mandibular. Este último signo parece ser el más específico, puesto que la menor amplitud del movimiento mandibular se da también en los ancianos, aunque mantengan su dentición natural. La restitución de una oclusión estable redunda en un cambio de la función oral que se manifiesta por un aumento de la amplitud de los ciclos masticatorios y de la velocidad de desplazamiento mandibular, de forma que la morfología de los ciclos masticatorios se parece mucho más a la de los individuos con dentición natural y ello puede ser interpretado como una mejoría funcional.

Durante la deglución, el bolo es propulsado hacia el tubo digestivo gracias a un gradiente de presión. En la boca, el gradiente de presión se consigue gracias a la actividad de la lengua, similar a un pistón. Para que la lengua pueda realizar su función de postón, la base lingual debe ser estabilizada y ello se consigue mediante la contracción de los músculos del suelo de la boca y de los elevadores de la mandíbula. Además, se debe evitar el reflujo del bolo, cerrando el camino a sus espaldas, a medida que va avanzando. Así, primero tiene lugar el cierre labial. El entrecruzamiento incisal o la protrusión lingual en caso de mordida abierta. Después la base de la lengua se aplica en primer lugar contra el paladar e inmediatamente después contra la pared faríngea posterior.

El esfínter hipofaríngeo se contrae, y finalmente lo hace el esfínter gastroesofágico una vez ha dejado pasar el bolo. Durante la deglución debe protegerse la vía aérea y esto se logra mediante la aposición del paladar blando contra la pared faríngea posterior, la elevación de la laringe, la adducción de los pliegues vocales y la apnea.

Para la deglución se precisa la acción ineludible de un grupo de músculos, a los que se denomina músculos obligados de la deglución. Estos músculos participan siempre en la deglución, y su actividad está sujeta a un patrón temporal rígido y estereotipado que no varía en función de las aferencias sensitivas periféricas. Estos músculos son el milohioideo, el genihioideo, el lingual posterior, el palatofaríngeo, los constrictores faríngeos, el tirohidoideo, el tiroaritenoideo y el cricotiroideo.

Todos estos músculos, incluyendo la musculatura estriada esofágica, están bajo el rígido control del centro deglutorio. Además de los músculos obligados, durante la deglución también participan otros músculos, denominados facultativos, cuya acción consiste en estabilizar la base de la lengua y en lograr el cierre de la boca.

Su actividad es mucho más variable que la de los músculos obligados y está sujeta al control procedente del las aferencias sensitivas periféricas. Estos músculos son los extrínsecos de la lengua, el orbicular de los labios y los elevadores de la mandíbula.

El grado de participación de estos músculos depende de los requerimientos de estabilización de la base de la lengua en función de la consistencia y tamaño del bolo y de la capacidad de las estructuras que se hallan en la parte anterior de la bica para realizar un cierre adecuado, lo cual depende, a su vez, de la morfología facial y del tipo de oclusión. Así, por ejemplo, en al deglución denominada infantil el cierre anterior lo realiza la protrusión lingual, puesto que el niño carece de dientes, el orbicular de los labios y el buccinador y no existe actividad en los músculos elevadores de la mandíbula.

La deglución sin contacto dentario también se da normalmente en los adultos al deglutir líquidos o bolos blandos, ya que en estos casos no se precisa una estabilización mandibular. En cambio, sí se produce contacto dentario al deglutir bolos sólidos, el cual tiene lugar de forma general en la PIM. Os movimientos que efectúa la mandíbula al deglutir líquidos con la ayuda de una caña son básicamente de apertura y cierre. La boca se abre un máximo de 7 milímetros, el movimiento deglutorio tiene poca extensión, entre los 2 lo 3 milímetros, y la parte más alta del movimiento se mantiene a una distancia de la PIM cuyo promedio es de 3’5 milímetros. Casi nunca se producen contactos oclusales, pero cuando estos ocurren se dan en la PIM.

Como podemos ver, existe una gran variedad de movimientos mandibulares, y debemos prestar especial atención a aquellos movimientos que son los que tienen que ver con la masticación y deglución, ya que en el caso de tener problemas con ellos pueden darnos muchos dolores de cabeza. En las Clínicas Propdental podremos informarle y asesorarle acerca de todas las patologías que pueda sufrir que estén relacionadas con los movimientos mandibulares, y así emitir un diagnóstico correcto y fidedigno de cara a una recuperación lo más rápida posible.

Comentarios

Aún no hay comentrarios para "Movimientos mandibulares durante la masticación"

Deja tu comentario