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Tratamiento de la enfermedad periodontal

Publicado por Dr. Dario Vieira el 31 julio 2015 en Odontologia

En torno al 90% de la población española mayor de 35 años presenta enfermedad periodontal en algún grado. La enfermedad periodontal es de tipo multifactorial, estando implicados en diverso grado la acumulación física de la placa, la falta de higiene, el consumo de tabaco, la dieta rica en glúcidos (especialmente azucares simples), el estrés y las prótesis mal ajustadas.

Concepto

Se denomina periodonto al aparato de inserción o tejido de soporte del diente, constituyendo una unidad biológica y funcional susceptible de experimentar cambios con distintos factores, como la edad, las enfermedades sistémicas, el consumo de tabaco, los microorganismos, etc. Está constituido por la encía, el ligamento periodontal, el centro radicular y el hueso alveolar. El dolor agudo correspondiente a la enfermedad periodontal inicial es somático, superficial y se asienta sobre la piel y las mucosas, localizándose con precisión. El paciente presenta enrojecimiento, inflamación, exudado en la encía, mal aliento y existe un cambio en al textura y la forma de la encía. En esta fase, el proceso es reversible pero al evolucionar puede haber formación de bolsas periodontales, pérdida de moderada a avanzada de hueso alveolar e incluso pérdida de piezas dentales; en esta fase, el dolor es mas profundo y está menos localizado.

La reducción de la ingesta de azúcares simples y una alimentación adecuadamente balanceada previenen las caries dental y la pérdida prematura de los dientes. Dejar de fumar y reducir el consumo de alcohol disminuyen también el riesgo de periodontopatías y de pérdida de dientes; a exposición a largo plazo a niveles óptimos de fluoruros reduce el numero de caries tanto en los niños como en los adultos.

Tratamiento de la enfermedad periodontal

A pesar de que estas enfermedades bucodentales van disminuyendo muy lentamente con respecto a décadas anteriores en nuestro país, es posible reducir simultáneamente la carga de enfermedades bucodentales y la de otras enfermedades crónicas (como la diabetes) si se abordan los factores de riesgo comunes, como el consumo de tabaco y las dietas desequilibradas.

La reducción de la ingesta de azucares simples y una alimentación adecuadamente balanceada previenen las caries dental y la perdida prematura de los dientes. Dejar de fumar y reducir el consumo de alcohol disminuyen el riesgo de cáncer de la cavidad bucal. Las caries dentales pueden prevenirse manteniendo de forma constante una alta concentración de fluoruro en la cavidad bucal, mediante la fluoración del agua de bebida, suplementando la sal, la leche, los colutorios o la pasta dentífrica, o bien mediante la aplicación de fluoruros por parte de los odontólogos.

La exposición a largo plazo a niveles óptimos de fluoruros reduce el numero de caries tanto en los niños como en los adultos. Usando estas estrategias de prevención se pueden evitar tratamientos dentales muy onerosos. Una vez instaurada la enfermedad periodontal, el objetivo principal es controlar el dolor y la inflamación con los analgésicos y antiinflamatorios, combinándolos con antisépticos. Si ello no fuera suficiente (y muchas veces no lo es), se recurre al tratamiento antibacteriano sistémico, aunque siempre manteniendo el desbridamiento mecánico o la desestructuración del biofilm por medios físicos (cepillado, uso de la seda dental, profilaxis, raspado y alisado radicular, etc.)

Antisépticos

Los antisépticos y desinfectantes son agentes que inhiben el desarrollo o destruyen microorganismos por contacto. Los utilizado sobre superficies vivas, como la boca del paciente o las manos del odontólogo, se denominan antisépticos, mientras que los que se emplean en objetos inanimados (instrumental, superficies de trabajo, etc.) son llamados desinfectantes.

Un buen antiséptico o desinfectante debe ser químicamente estable, económico, no teñir, tener color y olor agradables, ser microbicida y no sólo inhibitorio, destruir las esporas, ser activo contra todos los patógenos (bacterias, hongos, virus y protozoos) aun en presencia de sangre y otros fluidos biológicos (pus, exudados, etc.), requerir un tiempo de exposición breve, propagarse a través de películas orgánicas, de pliegues y grietas, no corroer ni oxidar los instrumentos, no ser irritante para los tejidos y debe ser fácilmente eliminado. Aunque se trata de una amplia lista de condiciones, la mayor parte de los antisépticos y desinfectantes actualmente utilizados se adecuan bastante bien a todas ellas.

En odontología, los antisépticos se emplean para el tratamiento de conductos, prevención y tratamiento de la placa dental y la enfermedad periodontal, tratamiento de la gingivitis, las aftas y otras afecciones bucales infecciosas, preparación preoperatoria de la mucosa bucal por reducción de la concentración bacteriana y disminución de la infección local y a distancia, y como componente de ciertos dentífricos.

El tratamiento eficaz de la placa exige que el antiséptico utilizado como enjuague bucal, gel o dentífrico permanezca en el lugar con el fin de que ejerza un efecto antimicrobiano sostenido. Por lo tanto, las dos propiedades mas importantes de un agente contra la placa son el espectro antimicrobiano, que inhibe los efectos de los microorganismos patológicos, y la sustantividad, que designa la persistencia de la sustancia sobre la superficie de los dientes y encías debido a su fijación inicial y su liberación ulterior.

Anestésicos locales

Sin duda, son los fármacos mas utilizados por los odontólogos. Actualmente, se dispone de un gran numero de anestésicos locales de estructura química muy diversa, aunque básicamente se les clasifica en dos grandes grupos: ésteres y amidas, que expresan las diferencias en la capacidad alergénica y en el metabolismo entre los dos tipos de fármacos: los ésteres (cocaína, procaína, cloroprocaína, tetracaína, benzocaína) son rápidamente hidrolizados en el plasma por la pseudocolinesterasa, mientras que las amidas (lidocaína, mepivacaína, articaína, bupivacaína, etc.) son degradadas y metabolizadas mas lentamente por los microsomas hepáticos.

También pueden clasificarse según su duración de acción y potencia anestésica: de acción corta y potencia anestésica baja, como la procaína o la cloroprocaína; de acción media y potencia anestésica intermedia, como la lidocaína, la mepivacaína, la prilocaína y la articaína; de acción prolongada y potencia anestésica elevada, como la tetracaína, la bupivacaína, la etidoncaína, la ropivacaína y la levobupivacaína.

Los anestésicos locales pueden producir reacciones alérgicas como exantema cutáneo, enrojecimiento, urticaria y/o picor, hinchazón en cara, labios, lengua o en la boca o garganta, broncoespasmo o shock anafiláctico. Las manifestaciones alérgicas son mas frecuentes con los esteres del acido paraaminobenzoico o PABA (benzocaína, clorprocaína, procaína, tetracaína) y son de tipo cruzado con numerosos fármacos, si bien la incidencia es muy baja (menos del 1%)

Antibacterianos sistémicos

Los antibióticos son eficaces pero no se deben usar como medida preventiva, ya que incrementan los niveles de resistencia y deben emplearse con indicaciones muy precisas. El uso de antimicrobianos sistémicos puede mejorar los resultados clínicos y microbiológico tras el tratamiento mecánico periodontal.

La duración de la antibioterapia no se ajusta a unas normas estrictas y depende del cuadro clínico y la evolución, aunque con el fin de evitar tratamientos incompletos y favorecer así la aparición de cepas resistentes, los antibióticos se administraran como mínimo durante 4 días, siendo el intervalo mas frecuente de 4 a 8 días.

Los betalactamicos son, con diferencia, los antibióticos mas utilizados en odontología. Están indicados en el tratamiento de las infecciones bacterianas orales, particularmente las de origen ontogénico. El fármaco mas usado es la amoxicilina, cuya dosis habitual en odontología para adultos es de 500-1000 mg cada 8 horas por vía oral o parenteral; en niños se usa en dosis de 25-50mg/kg/día repartidos en tres dosis. En la profilaxis de la endocarditis bacteriana se administran 2 gramos por vía oral una hora antes del procedimiento quirúrgico. Su uso masivo ha provocado la aparición de cepas resistentes.

Entre las cefalosporinas que se utilizan en odontoestomatología se encuentran la cefalexina (oral, 1-4g dosificados entre tres y cuatro tomas diarias), cefradroxilo (oral, 0,5-1g cada 12 horas), cefazolina (IM o IV, 0,5-1g cada 8 horas), cefuroxima axetilo (oral, 250-500mg cada 12 horas, en niños se ajusta la dosis a 15mg/kg/día en dos tomas). Por su parte, los macrolidos que se utilizan habitualmente en odontología son eritromicina, espiramicina, roxitromicina, azitromicina y claritromicina. Estos tres últimos presentan una serie de ventajas como son su excelente absorción, larga semivida de eliminación y elevadas concentraciones en los tejidos afectados. La dosis de roxitromicina es de 150mg/12h, la de azitromicina de 500mg/24h y la de claritromicina de 250-500mg/12h

Analgésicos y antiinflamatorios

Los fármacos con efectos sobre el dolor y la inflamación son de uso común en odontología. El paracetamol es un analgésico sin efecto antiinflamatorio ni actividad antiagregante plaquetaria, lo que le convierte en el analgésico de uso preferente y muy común en odontología, ya que los AINE convencionales tienden a incrementar el riesgo de prolongación y/o agravamiento del sangrado en las intervenciones odontológicas. La dosis en adultos es de 325-650mg/4-6h o 1g/6-8h, hasta un máximo de 4g al día. En niños de 1 a 5 años se administran 125-250mg cada 4 a 6 hora, y de 6 a 12 años la dosis es de 250-500mg cada 4 a 6 horas. En cuadros de dolor intenso, se puede recurrir a analgésicos opioides de actividad intermedia, como la codeína o tramadol, o a AINE (diclofenaco, ibuprofeno, ketoprofeno, etc.) cuando no existen condiciones hemorrágicas (varias horas después de la intervención). Los corticosteroides son ampliamente empleados como inmunosupresores (vía oral o tópica) o como antiinflamatorios (vía oral o parenteral). En pacientes hospitalizados con procesos agudos tales como procedimientos quirúrgicos de la cavidad oral o infecciones odontogénicas graves se suelen utilizar por vía intravenosa durante la intervención.

Para evitar las enfermedades periodontales es necesario mantener una correcta higiene bucal y acudir a las revisiones periódicas con su dentista de confianza. Y en el caso de ya tener una patología, estas son varias de las opciones que su especialista le podría proponer para paliar y resolver la dolencia.

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