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Biología de la curación de los injertos de hueso

El conocimiento de la biología de la curación de los injertos de hueso es básico para poder aplicar las técnicas de regeneración ósea de una forma racional y con las máximas probabilidades de éxito.

Biología de la curación de los injertos de hueso

Biología de la curación de los injertos de hueso

La cascada de fenómenos desencadenados por un injerto óseo puede variar según las características de éste (cortical o esponjoso), su vascularización (injertos microvascularizados o no) y las particularidades de la zona receptora. Inicialmente, se forma un hematoma que rodea al injerto.

La mayor parte de los osteocitos mueren (si éste no es microvascularizado). Solo sobreviven las células situadas en 1a superficie del injerto o las que pueden restablecer su nutrición por conexiones vasculares con el lecho receptor (injertos esponjosos).

El hematoma se reorganiza en un tejido fibrovascular mientras que el tejido conectivo de la zona receptora envía hacia el injerto vasos sanguíneos (con células mesenquimales precursoras de los osteocitos). A partir de este momento, se puede encontrar tres tipos de curación en los injertos óseos:

Osteogénesis

La osteogénesis la formación de nuevo hueso por los preosteoblastos y osteoblastos supervivientes del injerto. Este tipo de curación es más importante en los injertos óseos esponjosos que en los corticales debido a la más rápida revascularización de los primeros. Los injertos óseos con anastomosis microvasculares también curan por este mecanismo.

Osteoconducción

La curación de un injerto óseo por osteoconducción es un proceso lento y prolongado donde el injerto funciona únicamente como andamio o esqueleto. Es el tipo de curación ósea que predomina en los injertos corticales, donde éste es colonizado progresivamente por vasos sanguíneos y células osteoprogenitoras de la zona receptora que van reabsorbiéndolo lentamente y depositando hueso nuevo.

Osteoinducción

Es la transformación de las células mesenquimales indiferenciadas perivasculares de la zona receptora en células osteoformadoras en presencia de ciertas sustancias polipeptídicas (BMP o Bone Morphogenic Protein).

Es el tipo de curación ósea que se pretende conseguir, con mayor o menor éxito, con los injertos óseos desmineralizados.

Los injertos óseos autógenos pueden curar por una mezcla sincrónica de los tres mecanismos descritos. Por ello se deben considerar como de primera elección y serán objeto exclusivo del presente trabajo.

La reabsorción del injerto óseo se produce desde el mismo momento de su colocación.

Es importante sobre todo durante el primer año y puede ser progresiva hasta el tercero. No obstante, puede minimizarse hasta una pérdida de tan sólo 0,1,-0,2 mm,/año cuando se colocan los implantes y se someten a cargas funcionales.

Zonas donantes de injertos óseos

Los injertos óseos empleados en cirugía reconstructiva maxilomandibular pueden ser de origen extra o intraoral.
Si el defecto óseo es grande se recurrirá a zonas donantes extraorales bajo anestesia general. Cuando el defecto óseo es pequeño se obtendrá el hueso de zonas intraorales bajo anestesia local.

Varios estudios han demostrado que los injertos de hueso membranoso (como los de la calota craneal) sufren una reabsorción menor que 1os de hueso endocondral (cresta ilíaca o costilla). Muchos consideran, por esto, al injerto desdoblado de calota craneal (cortical externa) como el de primera elección para la reparación de defectos óseos en fracturas craneofaciales y también es recomendado por algunos autores para las reconstrucciones con implantes.

Ventajas adicionales de esta zona donante son la ausencia de dolores postoperatorios (en relación con la toma de cresta ilíaca) y que la cicatriz queda oculta por el pelo.