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¿Problemas dentales? ¡Pues fuera estrés!

Publicado por Dr. Dario Vieira el 17 Diciembre 2015 en Odontologia

¿Problemas dentales? ¡Pues fuera estrés!

El estrés es una situación cada día más habitual. Esta se presenta cuando tendemos a sobrecargar nuestro cerebro con demasiados problemas, tareas u objetivos que necesitamos de forma imperiosa que se cumplan lo más rápido posible, lo que tiende a causarnos angustia, nerviosismo e incluso ataques de ansiedad o pánico.

La relación del estrés en los problemas dentales

Esta situación puede encontrarse en pacientes de todas las edades y está debido al ritmo frenético que la sociedad nos pide que mantengamos, con lo que terminamos por afectar al cuerpo de muchas formas diferentes. El estrés está relacionado con diversos problemas de salud, que van desde la depresión hasta sufrir tensión alta, pasando por colesterol alto e incluso se convierte en un factor de riesgo o detonante para algunas enfermedades mucho más graves.

En todos estos casos deberemos tener en cuenta que sufrir un alto nivel de estrés puede terminar por dañar tu mandíbula y tus dientes. ¿No te lo crees? Te explicamos cómo y el porqué sucede esto.

El estrés es capaz de hacer que, mientras nos encontremos en una situación donde estemos bajo una alta presión, apretemos los dientes de forma involuntaria, por lo que provocamos una mordida con una fuerza excesiva aplicada de forma totalmente innecesaria. Esto tiene nombre propio: Bruxismo diurno (pese a que también el estrés es capaz de generar el bruxismo nocturno). El bruxismo diurno no causa daños excesivos a la dentición en el caso de que éste sea pasajero y leve, pero de convertirse en una -mala- costumbre, podríamos terminar erosionando la dentición hasta llegar el punto de crear tanto fisuras dentales como roturas, que podrían derivar en problemas mayores. Además, esto también puede causar una sensibilización excesiva de la pieza dental debido al desgaste que se produce en este tipo de mordidas, erosionando el esmalte dental, que no está diseñado para trabajar bajo esta excesiva presión.

En lo que a la mandíbula respecta, existen dos desórdenes que están directamente relacionados con el estrés: El primero es el conocido Síndrome de la Articulación Temporomandibular, y el segundo es el Dolor Disfuncional Miofacial.

Pese a que estas situaciones no son enfermedades como tal, estos dos desórdenes nos pueden ocasionar muchas molestias. El TMJ es capaz de provocar un dolor leve pero permanente en los ligamentos de la mandíbula. El MPD es un trastorno parecido, pero no sólo se refiere a los ligamentos o articulaciones, sino que también se refiere para cualquier tipo de dolor o molestia que cause un exceso de estrés, que incluso abarca a una simple sensación de tirantez aguda, causada por haberla mantenido tensa.

Por algún motivo que desconocemos, lso dos desórdenes son presentados con una mayor incidencia en el género fenenino, sobre todo el aquellas que tienen entre 20 y 30 años de edad. Su sintomatología más común consiste en una sensación de “click” mientras se abre o cierra la mandíbula, la incapacidad de abrir la mandíbula en su totalidad, o el hecho de notar tensión o tirantez en las mejillas.

En el caso de sufrir cualquiera de estos síntomas y pese a seguir el transcurso del tiempo vemos que no mejora, lo ideal es que consultemos tanto a nuestro médico de cabecera como a nuestro dentista de confianza en las Clínicas Propdental, pero hasta que los facultativos le realicen la exploración y emiten el diagnóstico a fin de eliminar la molestia, procedemos a explicar unas pautas beneficiosas a continuación:

  • Masajear suavemente la zona en la que se nota la tirantez o el dolor. Si estos síntomas persisten, se deberá practicar masajes de forma repetida durante el transcurso del día o el periodo en el que duren las molestias
  • Se deberá de tratar de evitar aquellas situaciones que puedan ocasionarle estrés. Por desgracia, este es un consejo que no siempre se puede llevar a cabo, pero si no podemos huir de la fuente de estrés, por lo menos sería recomendable implementar algún tipo de ejercicio físico en nuestra rutina, a fin de liberar este estrés. En el caos de no poder realizar ejercicios, se pueden realizar actividades relajantes, como el yoga, la meditación o la lectura.
  • Si nos descubrimos rechinando los dientes de forma involuntaria, lo conveniente es que consultemos a nuestro dentista de confianza el obtener una funda dental. Es posible que no podamos emplearlas a lo largo del día para solucionar el problema de bruxismo diurno, pero nos servirán de preventivo por si padeciéramos también bruxismo nocturno y no fuéramos conscientes de esto.

Además de todo lo que comentábamos antes, el estrés no sólo tiene este tipo de incidencia en nuestra salud oral, sino que indirectamente también puede dañarla. Debemos tener en cuenta que el estrés provoca una disminución brusca de las defensas corporales, lo que facilita la proliferación de las bacterias. Nuestra boca contiene bacterias de forma natural, pero la bajada de defensas podría provocar un acúmulo excesivo, por lo que se podría crear sarro o bolsas periodontales, que, como sabemos, nos acarrearían enfermedades de una mayor complejidad, como la periodontitis, capaz de causar pérdida dental.

Por todo esto, además de los demás efectos negativos que el estrés tiene sobre la salud dental más allá de la boca, que tenemos que intentar mantener una vida apacible, y en el caso de que no sea posible, que tengamos nuestros niveles de estrés siempre bajo control, gracias a actividades deportivas o de relajación.

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