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Odontopediatria edad escolar (6 a 12 años)

Es esta una etapa muy larga en la que ocurren cambios muy importantes, como el recambio dental, un gran desarrollo neuromuscular, intelectual etc. Aunque los padres tienen todavía una misión fundamental en el cuidado de la salud bucal de sus hijos, el niño presenta una capacidad de compresión suficiente para entender la información y desarrollar una mayor destreza en los tratamientos de odontopediatria preventivos.

Odontopediatria edad escolar

Cronología dentición permanente

El recambio de los incisivos es un proceso esperado con ilusión por la mayoría de los niños y sus padres.

Existe, por el contrario, un desconocimiento tan extendido sobre el momento de erupción del primer molar permanente que suele ser necesario explicar con detenimiento cuando ocurre y el significado de este hecho, haciendo hincapié en la característica de este molar de ser un diente permanente y explicando las modificaciones necesarias en las técnicas de cepillado, así como la necesidad de otras medidas preventivas, como se verán más adelante.

Cronología erupción dientes permanentes

Las edades medias, que puedan servir de guía se recogen en la foto. Las desviaciones ligeras respecto a los promedios deben ser valoradas en el conjunto de datos que aporta la historia dental y pediátrica del niño, cuidando de no preocupar excesivamente a los padres.

Antes variaciones notables, habrá que remitir al niño al pediatra para descartar enfermedades generales causantes de la anomalía.

Hábitos

La persistencia de cualquier hábito nocivo a estas edades debe ser objeto de tratamiento de ortodoncia u odontopediatria. La existencia de problemas, como respiración bucal, deglución infantil o hábito de chupeteo del dedo, lápices, medallas etc., incidirá sobre el desarrollo de la oclusión en un momento en que además del crecimiento de las estructuras óseas se está produciendo el recambio dental.

El niño tiene ya una capacidad suficiente para comprender las repercusiones del hábito, por lo que no debe demorarse más su tratamiento.

En ocasiones el tratamiento, debe ser realizado desde un enfoque multidisciplinario siendo necesarios la ayuda del psicólogo, el educador, el ortodoncista, etc.

Los hábitos mencionados ocasionarán entre otros problemas, la protrusión de los incisivos superiores, con un labio superior corto e incompetente. Estos dientes presentan un riesgo elevado de sufrir lesiones traumáticas que con frecuencia se repiten y hacen peligrar el normal desarrollo radicular.

Higiene dental

Durante este período de la vida del niño se invierte progresivamente el grado de responsabilidad de los padres y el niño sobre la higiene dental de éste.

Entre los 6 y los 9 años los padres tienen todavía una función importante en el control de la aplicación del programa de eliminación de la placa dental por el niño y además en la mejoría progresiva de su técnica. A partir de esa edad, el niño deberá ir adquiriendo una responsabilidad cada vez mayor sobre su higiene.

Para la eliminación de la placa dental es fundamental que exista un hábito arraigado de cepillado correcto. Esta debe ser la primera prioridad educativa si no se ha conseguido con anterioridad.

Hay que adiestrar al niño y sus padres en una técnica de cepillado que elimine la placa dental. Puede ser de ayuda teñir la placa con un revelador para poder visualizar y entrenarse en su eliminación.

El niño tiene ya una edad suficiente para poder:

  1. Decidir espontáneamente que tiene que cepillarse los dientes.
  2. Acostumbrarse a realizar el cepillado en una secuencia constante que le permita no olvidarse de ningún diente o superficie.
  3. Ocuparse del mantenimiento de su cepillo y otros útiles de limpieza.
  4. Aprender progresivamente el uso de la seda dental.

Queremos insistir, sin embargo, en que la labor de los padres a este edad es todavía fundamental y que debe ser asumida por ellos mismos y por el niño, ya que éste con frecuencia rechaza esta ayuda y busca una mayor independencia.

Con frecuencia al hablar de dienta con alto contenido en azúcar se establece una incomunicación entre el profesional y su paciente. Esto se debe a la falta de información de éste sobre el contenido de azúcar de los alimentos que constituyen la dieta y la importancia de su consistencia, textura, etc. Es necesario, en la práctica, distinguir dos tipos de elementos de la dieta:

  1. Alimentos que constituyen la dieta habitual. Son aquellos que aportan los nutrientes necesarios para el desarrollo del niño y que por tanto, desde el punto de vista nutricional son beneficiosos, independientemente de que sean cariogénicos o no. En este grupo se pueden incluir ejemplos como los cereales del desayuno, mermeladas, miel, yogures azucarados, salsa de tomate envasada etc. Se debe tener mucho cuidado al restringir estos alimentos y valorar su ingestión en el concepto amplio de la nutrición del niño. Sin embargo, hay que advertir a los padres sobre el potencial cariogénico de algunos alimentos y la necesidad de cepillarse los dientes inmediatamente después de su consumo.
  2. Alimentos gratificantes. Nos referimos a los que tienen un contenido alto en azúcar pero que no son beneficiosos en la dieta. Este grupo, formado por caramelos, chocolates, bebidas gaseosas, tartas etc. Suele ser el que el paciente reconoce como dañino para sus dientes. Lograr grandes cambios en la ingestión de este grupo de alimentos suele ser difícil ya que socialmente existe una tendencia a potenciar su consumo.

El flúor

La formación del esmalte de los segundos premolares y segundos molares permanentes finaliza entre los 6 y 8 años. Por tanto, la administración de fluoruros por vía sistémica a partir de esa edad tiene efectos limitados.
Hacia los 6 años el niño es capaz de realizar enjuagues sin tragar una cantidad importante de líquido, es el momento oportuno para implantar un programa de enjuagues con fluoruro sódico en el hogar.

La administración periódica de fluor tópico en la clínica dental debe continuar. Estas visitas al odontopediatra son un buen momento para revisar la salud bucodental del niño, asi como para ajustar todo el programa preventivo.

Tras la erupción de los primeros molares permanentes hay que valorar la necesidad de colocar selladores de fisuras. La anatomía de la superficie oclusal, la tendencia a presentar caries y el seguimiento disciplinado de otras medidas del programa preventivo son factores importantes en la toma de esta decisión.

Por la experiencia clínica de la odontopediatra de Propdental, la evaluación de los aspectos mencionados nos lleva a concluir que en la mayoría de los molares permanentes está indicada la colocación de selladores. La anatomía y la abrasión fisiológica en los molares temporales hacen que el porcentaje de colocación de selladores en estos molares sea mucho menor.

La erupción de los premolares y los segundos molares permanentes se acompañaría de la colocación de selladores de fisuras con las mismas consideraciones expuestas anteriormente.