CLÍNICAS DENTALES EN BARCELONA
PIDE CITA AHORA
934 914 914
Español Français English
Inicio » Injerto de hueso de metáfisis tibial

Injerto de hueso de metáfisis tibial

Publicado por Dr. Dario Vieira el 18 octubre 2015 en Ortodoncia

La obtención de injertos óseos autólogos en cirugía oral ha sido un reto para los cirujanos, y siempre se ha querido obtener el mayor beneficio (más cantidad de hueso) con una mínima morbilidad para el paciente.

La utilización de injertos óseos autólogos, en sus distintas modalidades, constituye uno de los procedimientos más frecuentes en cirugía preprotésica.

Realizamos la extracción del hueso esponjoso de la meseta tibial mediante abordaje antero – extrerno, y es que esta supone una vía de fácil acceso gracias a la anomía de la zona.

La vía antero interna es más compleja de realizar, ya que hay que desinsertar la pata de ganso y existen unas ramas sensitivas del nervio infrarotuliano que son muy simples de dañar, lo que produce parestesias en dicha zona.

Es una técnica que se puede realizar con anestesia local y sedación, con una mínima morbilidad para el paciente, y obteniendo de esta manera una cantidad de hueso esponjoso de entre 15 y 25 cc, y que permite desde el mismo momento de la intervención de la deambulación del paciente.

Rercuerdo histórico

El primer injerto óseo que se conoce, fue realizado en el año 1668 Job van Meekeren, usando calota de perro para así corregir un defecto en cráneo por herida de bala.

En el año 1991, O’ Keefe pubicó la primera serie con injerto de tibia. Desde que Bränemark describiera la validez de los injertos óseos en cirugía implantológica hace ya más de 22 años, son múltiples los trabajos presentados que avalan estas técnicas.

Indicaciones

Este se trata de un injerto ideal para poder corregir los defectos tanto maxilares como mandibulares, donde la cantidad de hueso requerida no exceda los 30 cc, situación que calificaríamos de tamaño pequeño a moderado.

  • Injerto alveolar
  • Elevación de seno maxilar uni o bilateral.
  • Deformidades posteraumáticas.
  • Pseudo-artrosis.
  • Relleno de defectos en maxilar o mandíbula.
  • Asociado a PRP (Plasma rico en plaquetas).

Contraindicaciones

  • Necesidad de una mayor cantidad de hueso, así como la obtención de hueso cortical.
  • Pacientes jóvenes donde o esté fusionada la metáfisis tibial. (valorar edad de crecimiento y confirmar mediante Rx).
  • Cirugías previas y traumatismos a dicho nivel.
  • Artritis reumatoide.
  • Pacientes con enfermedades metabólicas óseas.

Anatomía quirúrgica

Hay dos puntos anatómicos que hay que tomar como referencia: El tubérculo de Gerdy y la espina tibial anterior.
La metáfisis tibial, a unos 3 centímetros de la articulación, presenta en su cara antero – externa el denominado tubérculo d e Gerdy, donde se insertan en su porció superior el tendón del músculo iliotibial y en su porción inferior el tendón del tensor de la fascia lata. También se encuentra a ese nivel la inserción del músculo tibial anterior.

La espina tibial anterior, prominencia situada en la parte más anterior a unos 5 centímetros de la articulación, es el punto de la inserción del tendón rotuliano.

La vía de abordaje está situada entre estos dos puntos, marcada por el borde anterior del músculo tibial anterior y el borde externo del tendón rotuliano.

Es muy importante el que se mantenga en todo momento los criterios de asepsia y diferenciar de forma adecuada cuáles son los dos campos quirúrgicos.

Para esto, se dispondrá de dos mesas independientes con el instrumental que se necesite en cada cirugía en particular. Lo mismo ocurrirá con el aspirador, que será independiente para cada campo.

Una vez que esté sedado el paciente, se procederá a la infiltración con anestesia local, llegando en profundidad al periostio. Se pueden utilizar carpules de anestésico local con adrenalina.

Previamente, se prepara el campo de la zona donante de hueso, siendo necesario el rasurar la pierna, para luego lavarla con povidona yodada. Se colocarán paños estériles para dejar sólo la ventana de piel donde se realiza la cirugía.

Con una incisión menor de 2 centímetros, se accede a las extensiones de la fascia del músculo tibial anterior y al periostio. Una vez seccionados se aprecia el hueso cortical, que mediante periostoioo se desperiostiza para poder introducir la trefina.

También deberemos saber tratar de forma adecuada los injertos para así mantener la viabilidad de las células osteogénicas. Or lo que resultarán fundamentales ciertas cosas:

Evitar el calentamiento del hueso, sobre todo si se utiliza para su obtención fresas eléctricas, siempre hay que emplear una óptima irrigación.
Hacer una buena conservación del injerto, manteniéndolo en sangre y debiendo permanecer el menor tiempo posible fuera del cuerpo del paciente.

Técnica

  • Una vez que la incisión se ha realizado, y teniendo una buena visión del hueso, se introduce de forma manual la trefina de 10 mm. De diámetro, se coloca en la metáfisis tibial y mediante unos suaves giros sobre sí misma, vamos notando su penetración. AL principio, notaremos una mayor resistencia, hasta pasar la cortical. Después de esto ya entrará de forma mucho más suave, o que significará que estamos en hueso esponjoso.
  • Hay que aprovechar toda la superficie tibial, haciendo varias perforaciones en distintas direcciones o ejes para obtener la mayor cantidad de hueso y siempre se utiliza el mismo orificio de entrada, lo único que cambia es la posición de la trefina, evitando la dirección ascendente para huir de la articulación. En el caso de que introduzcamos mucho la trefina, llegaremos a la cortical interna del otro lado y el paciente notará dolor.
  • Esta, lleva unas marcas de centímetro en centímetro, para saber cuanto la introducimos dentro de la tibia. EN la gran mayoría de los casos, con tres o cuatro veces que introduzcamos la trefina es suficiente para obtener una buena cantidad de hueso.
  • Para extraer la trefina, hay que hacer giros en sentido contrario de la introducción para que el hueso se suelte y quede retenido dentro de la trefina. También nos podemos ayudar de una cucharilla tipo legra para una extracción más generosa.
  • El hueso obtenido es depositado en una batea con sangre para que éste tenga un óptimo mantenimiento.
  • El cierre se realiza dando unos puntos de aproximación con material reabsorbible a la fascia del músculo tibial anterior, y el cierre de piel se realiza con puntos sueltos de monofilamento.
  • Nuestro criterio es la asociación del injerto de hueso esponjoso con PRP. A pesar de estar puesto en duda su efectividad, éste se comporta como un magnífico carrier a la hora de conservar y manejar el injerto.

Complicaciones

Realmente, la obtención del injerto en la tibia tiene una muy baja morbilidad. Solamente en un 20% de los pacientes presentan como única complicación la presencia de hematoma más o menos llamativo que se extiende hasta el tobillo siguiendo el trayecto del músculo tibial anterior. Los pacientes deben hacer reposo funcional relativo para evitar la aparición de inflamación en dicha extremidad.

Conclusiones

  • Es un excelente injerto de hueso espojoso para defectos pequeños o medianos o necesidades de hueso inferiores a unos 30 cc.
  • Presenta una mínima morbilidad.
  • Facilidad para su obtención-
  • La duración de la intervención es corta, no excediendo de 30 minutos.
  • Se puede trabajar en dos campos.
  • El paciente puede deambular desde el mismo momento de la intervención.
  • Se realiza bajo antestesia local más sedación.
  • Puede realizarse en un ambiente extrahospitalario.

Comentarios

Aún no hay comentrarios para "Injerto de hueso de metáfisis tibial"

    Deja tu comentario